ELOGIOS INSULTANTES

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Elogios insultantes

El homenaje de despedida de un diputado de Podemos a otro del PP que dejaba el Congreso

15.12.2018 | 23:51

Elogios insultantes

El pasado 13 de diciembre, el diputado de Podemos Alberto Rodríguez quiso homenajear al diputado del Partido Popular Alfonso Candón que dejaba su escaño del Congreso para irse de parlamentario a Andalucía y le dedicó estas palabras: "Nunca pensé que fuera a decirle algo así a alguien y menos a un diputado del PP, pero creo que lo vamos a echar de menos. Le voy a decir algo, que creo que es de las cosas más bonitas que se le pueden decir a alguien y es que es usted una buena persona", sentenció Alberto Rodríguez entre cálidos aplausos del resto de parlamentarios. La performance del diputado chicharrero recibió los parabienes de la mayor parte de columnistas del periodismo patrio y de las redes sociales. A fin de cuentas en el ADN de los movimientos populistas el sentimentalismo ocupa un lugar preferencial. De nada ha servido la continua demostración de su capacidad para agrietar las relaciones humanas, de fomentar conductas tanto viles como violentas pero sobre todo de la corrosión que ejerce sobre la responsabilidad del ciudadano. A merced del sentimentalismo, asistimos atónitos a atrocidades conductuales que quedan sin castigo porque el presunto responsable encuentra en los sentimientos un parapeto simple pero inexpugnable a poco que sepa manejarse bien con sus declaraciones. Viene a ser un fenómeno similar al de la cantante Jeannette, que dejó bien claro que "era rebelde porque el mundo la hizo así, porque nadie la trató con amor". 
Pero tras las palabras de Alberto Rodríguez, aparte de su exceso de almíbar, se esconde algo que ni la mayor parte de los diputados ni siquiera los comentaristas políticos han señalado con la excepción de José María Albert de Paco en el digital "Voz Pópuli" con su columna "No te hacía yo catalán.." donde se declara atónito por la inadvertido que ha pasado el afectuoso sectarismo del diputado podemita. Sobre todo para todos esos linces de la política y de la opinión pública que tan hábilmente detectan un sentimentalismo detestable tras los muy generosos donativos de Amancio Ortega, siendo éste un sentimentalismo muy rentable para nuestro maltrecho sistema sanitario y para muchos enfermos en riesgo de muerte. Pero sucedió que cuando nos despertamos y la hiperglucemia había desaparecido, el sectarismo del diputado canario estaba allí, junto al dinosaurio de Monterroso que tanto enamora a Juan Tallón. 
Tal vez para que Pepe Albert de Paco no sintiese el frío del estigma en soledad, hace un par de meses que una pareja de escritores leoneses, los hermanos Ángel y Marta del Riego, publicaron uno de los libros sobre fútbol más solventes y divertidos que he leído: "La Biblia blanca. Una Historia sagrada del Real Madrid". En ella, en el libro de los Proverbios, entre las parábolas de Salomón, describen el "No te hacía yo del Madrid". Y lo cuentan así: "No te hacía yo del Madrid" es la frase central de muchas biografías. El aficionado del Madrid tiene el estigma de no ser un aficionado de verdad. No sufre, no está en las malas con los suyos; es un hincha interesado. Se le supone una arrogancia glacial. Para el antimadridismo de la periferia, el club blanco es el satán centralista, español hasta los tuétanos de la forma que debería estar prohibida". 
En realidad, estos manejos caen dentro de aquello que en 1994 Antonio Muñoz Molina acuñó finamente como "teoría del elogio insultante", a raíz de la sutil observación de la mayoría de las reseñas literarias donde el elogio entusiasmado de un libro concreto llevaba aparejada la automática descalificación con ironías o segundas intenciones de otros escritores. Contaba entonces Muñoz Molina como el lanzamiento de una novela de Raúl del Pozo, apadrinada por Camilo José Cela, incluía una extensa loa de la obra en cuestión pero además una larga profusión de descalificaciones hacia autores que no eran de la cuerda del estruendoso escritor gallego. Decía Muñoz Molina que cuando una obra literaria era buena se defendía a sí misma. Y que en España, apenas se recurre a elogios sino es para poder colar de rondón una retahíla de descalificaciones hacia terceras personas. Y así me parece. 
Y es que no imaginas, Alberto Rodríguez, la de españoles que pueden ser buena gente.

EL PARAÍSO EN UN ESPEJO

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"La Graciosa me calma los nervios", le dijo Ignacio Aldecoa Isasi a José Arozena en Tenerife antes de pronunciar su conferencia titulada "Mar de Historias", en 1961, al volver de las cuatro semanas en las que se encerró en la isla chinija para escribir "Parte de una historia". Yo no creo que las islas tengan un poder curativo especial. Tal vez en aquella época el aislamiento facilitase la labor creadora. Pero es un aislamiento tan extremo que a veces fatiga la mente y nubla la imaginación.
Hay una anécdota muy curiosa que refleja la dureza que supone vivir al límite. Porque que un literato madrileño de buena condición se vaya un mes a la isla más perdida del litoral español tiene algo de arriesgado. Poco antes de subir al barquito que cubre la travesía Órzola-Caleta de Sebo, parece que Ignacio, ya en el barco miró hacia sus amigos lanzaroteños y les dijo: "Solo os pido que pasadas las cuatros semanas vengáis a recogerme, que no me olvidéis allí". Esta mezcla de miedo, temor a perder el oremus y conciencia de que su sito natural no podía ser aquella isleta perdida en el Atlántico con tantas carencias como granos de arena en sus playas. Aunque con gente muy honrada y hospitalaria, desde luego.
¿De qué huía Aldecoa? ¿De qué huye tanta gente a diario? Porque el aislamiento no es más es un refugio. El aislamiento no nos garantiza ni la paz ni la tranquilidad. Aún no sé con certeza de que huía Aldecoa. Pero sí sé que la mayoría de la gente huye de si misma, de su incapacidad para afrontar convivencias adversas o golpes de la vida que los dejan descolocados. La exigencia de la vida en común ha puesto el listón de competencias alto. La carrera, universitaria o no, empieza desde que nacemos. Y en este "Grand Prix" en que se ha convertido el día a día queda poco tiempo para la alegría, para reírse a diario, no de forma planificada, ni solo los fines de semana.








El paraíso, como dijo Vargas, puede estar en cualquier esquina, en cualquier momento que rompa la vida planificada, rutinaria. El paraíso está en ese instante que alguien nos devuelve una vaharada de cariño que nos hace sentir que no estamos solos. Pero que no estamos solos por dentro. La soledad, como  el exilio, tiene una soledad de fuera y una soledad interior, que es la más importante. Esto puede verse en el despoblamiento paulatino de los pueblos de la España vaciada, tan llamativo que hasta Antonio Gamoneda se ha dado cuenta cuarenta años después de que le faltaba la gente de su pueblo. Se va un vecino, al poco otro, luego el de más allá. No es nada planificado. Es algo instintivo. Se van y se posan allí donde encuentran alguien de su pueblo y un mínimo objetivo en la vida. Y se paran. Y se ponen a esperar, con calma, como los pájaros de Hitchcok, esperando el momento para asentarse allí donde les dejen, porque son de fuera, coreanos, maquetos, charnegos, etc.. Y donde van hay mucho señorito catalán.
No son buenos los aislamientos. Ni siquiera esos que se dicen "buscados". Habrá que aislarse para trabajar, está claro. Hay empleos que viven del silencio e incluso el silencio es un tónico del humor. Pero no se les ocurra venir a las islas buscando aislarse. Invéntense otra mentira. Porque si por un casual les atrapa esa mala literatura que se sostiene sobre un secular "aislamiento de las islas" van a pasarlo muy mal. Y se pasarán el día pensando que ya queda menos para que vuelva el barquito que les devuelva a la Isla Mayor. Y de ahí, cada pájaro a su tierra. En la frontera, en los ventisqueros de las despobladas llanuras donde solo crecen las osamentas de los animales muertos, en la desmesura, en los espacios extremos, se manejan bien quienes han nacido y crecido en ellos. El resto, aventureros intrépidos, se marean. Y además, la causa de la huida vuelve con ellos. Tal vez más adentro. Toda huida que busque un paraíso redentor de males no es mas que un intento por volver a la infancia, a la primera infancia, a los primeros meses de vida, allí donde todas la necesidades y los miedos los resolvía la madre, que era quien mejor nos conocía. Eso explica que pocos años  después nos enamorásemos de ella.




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"El periodismo y la psiquiatría sufren cuando los testimonios no son veraces"

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"Ignacio Aldecoa está lamentablemente olvidado, se le conoce por las adaptaciones que hicieron al cine Carlos Saura y Mario Camus"

29.10.2018 | 03:31

Juan José Martínez Jambrina. 

El doctor Juan José Martínez Jambrina (León, 1964) es psiquiatra. Dirige el área clínica de Salud Mental de Avilés. Sin embargo, ha llegado al bar de Salinas en que ha citado al periodista para hablar de literatura y de un literato en concreto, de Ignacio Aldecoa, la perla de la Generación del 50, un escritor del que, precisamente el año el que viene, se cumple medio siglo de su fallecimiento. Jambrina prepara su biografía que saldrá la primavera que viene. Pero aún tiene más entre manos: un libro de conversaciones con Arcadi Espada, uno de los cofundadores de Ciudadanos y un locuaz periodista que desde hace tiempo disfruta de la luz de los focos sobre sí mismo. 
- ¿Cuándo descubre a Ignacio Aldecoa?
-Creo que fue hace tres años. 
- ¿Y qué le atrajo de él?
-Estaba de vacaciones en la isla de la Graciosa. Cayó en mis manos "Parte de una historia". Todos los veranos, todas las semanas santas, vamos a Lanzarote. Mi pareja es de allí. Junto a Lanzarote está la isla de La Graciosa. 
- Para ir a La Graciosa hay que querer ir a La Graciosa, ¿no?
-Sí, sí... Llevamos yendo a Lanzarote desde hace veinticinco años y siempre me había fijado en aquellos pescadores que salen en la novela de Aldecoa. Los gracioseros son pescadores pescadores, tipos que se embarcaban meses para trabajar en los bancos saharianos. Y todo esto con sus mujeres en tierra. 
- Los tipos de los que habla Aldecoa en "Parte de una historia".
-Eso. De hecho, mi suegro no se acuerda, pero él tendría que ser uno de los niños que andaba por ahí de crío en la época en que Aldecoa viajó a la isla. Los testimonios de su estancia en La Graciosa los he conseguido por los amigos de mi suegro. La mayor parte de los personajes de "Parte de una historia" son auténticos, son reales. Sólo les ha cambiado el nombre. Roque, el de la pensión en que se alojó, es Jorge Toledo. El otro día estuve hablando con algunas de sus hijas. 
- Pero Aldecoa murió hace cincuenta años.
-Me cayó "Parte de una historia" y dije: "Si esto está ambientado en La Graciosa". Hablé un día con un librero de Arrecife, tiene la única librería buena de la isla, la librería donde compraba José Saramago. Fue él quien en realidad me picó. Fue quien me dijo que Josefina Aldecoa, la viuda, había seguido yendo a Lanzarote veinticinco años después de la muerte de su marido. Me explicó la relación que mantuvo con la isla. Seguí leyendo la novela y, claro, veía La Graciosa. Leía en la terraza y levantaba la mirada y tenía delante de mí los muelles que describe Aldecoa, que siguen siendo los mismos. La Graciosa es Reserva de la Biosfera. Estaba flipando. "Este tío es la hostia. Lo ha captado", pensé. La novela es de los sesenta, pero los que gracioseros siguen viviendo de la misma manera. 
- Antes de La Graciosa, Aldecoa ya era un escritor sobresaliente. 
-A partir de ahí, comienzo a revisar todo. Tenía el ejemplar de los cuentos completos que había sacado Juan Cruz en Alfaguara. Por esa época se estrena el documental "Aldecoa, la huida al paraíso", de Miguel G. Morales. Con todo esto me digo: "Éste es un pedazo de tío". Empiezo a leerlo en profundidad. Josefina Aldecoa era de León. Mi madre, maestra toda la vida, estuvo machacando "Historia de una maestra", el libro de la mujer de Aldecoa. Ése y otros libros suyos. Aunque no había leído apenas nada de ella me doy cuenta de que se me juntan las dos historias. Y, encima, no hay nada publicado sobre él. Bueno, poco serio. 
- ¿Dónde está Aldecoa ahora?
-Básicamente, está olvidado. Juan Cruz acaba de reeditar los cuentos, esta vez con un prólogo que hizo Josefina Aldecoa, pero está olvidado. Para el valor que tiene, Aldecoa está lamentablemente olvidado. ¿Qué se conoce? Las adaptaciones que hicieron al cine Carlos Saura y Mario Camus. ¿Lo han leído en realidad? Poquísima gente. Y a nivel biográfico, muchos menos. 
- Es un señor que muere joven.
-Con 44 años, la misma edad que Chéjov y Scott Fitzgerald. 
- Muy joven.
-Mucho. 
- ¿Qué importancia tiene dentro de la Generación de los cincuenta?
-Carmen Martín Gaite lo conoció muy bien. Fue la primera persona que lo trató íntimamente: la primera amistad que tuvo en su época universitaria. Estaba totalmente seducida por él. Tengo la impresión de que era su amor secreto, pero aparece Josefina Aldecoa en aquella época: viajaron a Londres, a Nueva York, con pasta, una tía muy guapa, superculta... hubo un flechazo, se enamoraron. Los tres, sin embargo, tuvieron siempre muy buena relación. Biográficamente, Aldecoa no tiene nada. Umbral, que lo trató, dice que era más brillante de su generación. Umbral le dio su primer cuento para ver si se lo colocaba. Hay un artículo en el que coloca a Aldecoa en una posición de absoluta superioridad sobre Juan Benet o Luis Martín Santos, que eran los buques insignia de aquel momento. 
- ¿Cómo ha llevado a cabo la investigación?
-He entrevistado con todos los testigos vivos que quedan, la gente que le conoció: Mario Camus, Manuel Alcántara. Tengo pendiente hacerlo con la hermana de Carmen Martin Gaite, que vive con 94 años, con la gente que le trató en la isla. Aunque bueno, él tenía dos islas: La Graciosa e Ibiza. Me faltan los testigos de esta segunda época. 
- El otro libro que tiene es el de Arcadi Espada. 
-Tengo una relación buena con él desde hace mucho. Creo que existe una relación muy curiosa entre el periodismo y la psiquiatría. Los psiquiatras y los periodistas dependemos de los testimonios. Tanto el periodismo como la psiquiatría sufren cuando los testimonios no son veraces. Le conocí cuando le dieron el premio "Espasa" con "Diarios". Me quedé fascinado por ese libro. Por fin vi que alguien se estaba preocupando por algo que a mí me preocupaba mucho: la cuestión del relato.

EL TODO Y LA NADA

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Al fin apareció el bolígrafo que me faltaba. Estaba donde más o menos sospechaba. Caído entre los dos asientos del coche, en esa rendija de tan difícil acceso donde recala casi todo lo que se pierde en el día a día. El bolígrafo se me debió caer del pantalón o del bolsillo de alguna chaqueta y fue a parar allí, donde se cruzan los caminos.... ¡Y porque no quise seguir mirando.... ! Había que hacer algo con esto de las rendijas que quedan entre los asientos de los coches.... ¡Qué tortura es rescatar lo que allí se cae! El navegador debería incorporar esta función. Cada vez que algo cae al suelo del coche, un aviso en la pantalla. Yo sería feliz. Lo que no sé es si podría conducir tranquilo. Lo que hay en bajo los asientos de mi coche es un asunto para Grissom y sus CSI.








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Anoche empecé a ver el documental "Cartas desde la guerra" (2016) el documental de Ivo Ferreira basado en el libro de Antonio Lobo Antunes sobre su experiencia en la guerra de Angola. 
El resultado es un filme lento, cadencioso, hecho con muy pocos medios pero muy adecuado al libro. La desolación de un joven médico militar en una guerra especialmente absurda. Me gusta que las cartas de Lobo Antunes sean leídas por una voz de mujer, porque así es como sucedió en realidad. Las cartas eran para María José, su joven esposa, embarazada entonces. Y me gusta la escasa sofisticación del discurso, su narración simple, serena y muy clásica. ¿Qué va a extrañar un hombre recién casado y esperando un hijo al que mandan a ver morir a pobres infelices y lo separan de lo que más quiere en el mundo? Pues echa en falta unas caricias, unos besos, unos abrazos, unas frases reconfortantes, una risa cariñosa, una vida compartida....Y eso es lo que le cuenta a su esposa. Es muy complicado reflejar la propia intimidad en unas cartas de amor pero aún más complicado es, para alguien ajeno a la historia, plasmar esa carga tan íntima en una cinta en blanco y negro. Sin embargo, Ferreira lo consigue por la vía del pragmatismo, como si un sexto sentido le hubiese advertido de que cualquier metaforización de esa realidad hubiese sido un desastre narrativo. No es fácil poner la intimidad amatoria en imágenes sin desquiciarse. Pero Ferreira lo ha logrado. Aunque a veces canse. Pero no es culpa de Ferreira. Es que la vida, a ratos, cansa. Y el que diga que no, es que ha caído muy bajo, que diría Baudelaire.
En el proceso de encanallamiento que causa la guerra, el joven médico psiquiatra toma conciencia política de aquello en lo que realmente participa. Y de ahí, en esas vivencias,  Lobo Antunes estalla como escritor. 
Las cartas de Lobo Antunes, como las cartas de IvoJima, de la película de Eastwood, son un desesperado intento de los autores por aislarse dentro de la barbarie. La guerra de Angola duró 13 años y Portugal movilizó a 800000 soldados. La independencia de Angola costó 60000 muertos. Liberados del "Yugo" portugués, Cuba se encargó de que siguieran en guerra entre ellos hasta hace pocos años. Y es que, cuanto todo se calmaba con la Revolución de los Claveles, llegó Fidel....










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Pues sí. Afró, Tambú, Zaduíngara, Júmbara y Semelé son nombres de diosas del Amor, Venus africanas, según le explica Chicho Sánchez Ferlosio a un joven Fernando Trueba en la gran "Mientras el cuerpo aguante....".





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Y casi todas las mañanas, tras el aseo, Marta y María descorrían los grandes cortinajes del salón de la casa para asomarse a la mar de Nieva y verla verdear y suspirar....

IRSE DE CASA

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Como sigo sin encontrar mi bolígrafo me paso el rato revolviendo toda la casa. Hay que ver lo que va acumulando uno cuando los días pasan más rápidos que de costumbre y no te queda tiempo para administrar la gran cantidad de papelería que me llega y que abarrota el despacho. Esto ya va camino de un Diógenes larvado. Pero ¿qué pasará? La playa tiene la respuesta. 



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Noche de insomnio. De insomnio de conciliación, porque luego ni me he enterado. Tal vez porque la luna ha sido grande y fría. Me dormí leyendo un librito de Annie Ernaux, la escritora francesa. Un libro muy pequeñito pero que tiene unas aportaciones muy interesantes. "Yo no escribo novelas, yo hago escritura clínica. " dice Mademoiselle Ernaux, reinona de las letras galas. Y me parece un acierto definir así su trabajo. Porque lo ha escrito todo. Ha escrito lo más importante y lo que más cuesta: ESCRIBIR LA VIDA. No se puede vivir criando lindos gatitos en el estómago.

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Entre las personas que más me fastidian están las que se aprovechan de las condiciones ventajosas en las que nacen para montarse luego, con el tiempo, una vida provinciana, próspera, y definida básicamente por el acceso a los círculos restringidos del poder o del dinero. A por les perres, que dicen aquí... La provincia es lo que tiene: sitio pequeño, infierno grande. Pero esta gente se lo suele hacer pasar mal a quién no se levanta de la cama cuando suena la música nacional. Mi Españita es muy así, que diría Felblan; sigue siendo muy "Calle Mayor", muy berlanguiana, muy hipócrita. A fin de cuentas, un vasco dijo que la dignidad humana tiene que ver con decir "no" cuando este "no" puede traernos problemas. Viene esto a cuento de que también he empezado a leer un libro-consejo de Carmen Martín Gaite, la mejor escritora del mundo, y que se titula "Irse de casa". Hay que huir, no se puede tener asiento si se quiere comprender de qué va el mundo y par evitar  convivencias con esos círculos sociales, de gente normal, que no hace daño a nadie y que siempre, siempre hace lo que le manda el que manda. Hay que alimentar esa inquietud interior que nos está pidiendo movernos. Irse, irse, irse siempre... Esa obsesión tan clásica.


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Ya, a la caída de la tarde, llega la llamada más esperada. Mi láudano más querido. La doctora M, que con su acostumbrado aplomo, da respuesta a todas mis dudas profesionales que hoy eran muchas. Y sin dilación ni confusiones. La verdad, como la escritura de Ernaux, es como un cuchillo. En su caso, el cuchillo viene en Powerpoint.
Luego, escucho de otra de mis doctoras de cabecera ( en realidad solo son buenos médicos los de cabecera, incluidos los psiquiatras de cabecera) una de mis frases preferidas: "Es una persona honesta". La honestidad, ¡que rasgo de carácter tan admirable y tranquilizador para mí¡, que crecí entre estatuas y pinturas de reyes y fieros guerreros leoneses salidos de la mano de José Vela-Zanetti, el mejor captor de la austeridad, la honestidad y el gesto adusto. Un Delibes de la pintura y la escultura.

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Ha sido reabrir la playa y recibir media docena de masajes animándome a seguir caminando sobre la arena. "Siempre me gusta la playa". A mí, también.






DESEO CARNAL

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Hoy he pasado una tarde rara. Con los años  uno se va volviendo maniático y tiquismiquis con las personas y las cosas. Parece que tener cerca de nosotros ciertos objetos nos da una seguridad que se tambalea cuando nos faltan esta suerte de amuletos. Esta tarde me había puesto a escribir a mano y de repente eché en falta los dos bolígrafos que más suelo usar. Lo cierto es que, aparte de objetos apreciados, son dos buenos bolígrafos. Al poco, apareció uno de ellos y eso me tranquilizó porque es el que lleva conmigo más tiempo. Pero el otro aún no. Y es la flor de mi secreto, que diría Almodóvar, porque me lo envió hace casi tres años Rafa Lahuerta desde su hermosa papelería valenciana. Una serie de una marca suiza que ya dejó de fabricar ese modelo. He pasado la tarde revuelto. He buscado, rebuscado, pensado y repensado. Y no aparece. Probablemente no hubiese usado hoy ese bolígrafo. Probablemente no lo fuese a usar en días. Pero esta tarde me he sentido como si me hubiesen amputado algún miembro fantasma. Porque a saber quién encontrará esa hermosura diseñada para escribir solo cosas bonitas y que hará con ella. Y a saber a quién le va a contar mi querido, mon semblable, mon frère Caran d´Ache todo lo que hemos vivido y escrito juntos. 


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En el suplemento de El Mundo hay una reseña muy elogiosa sobre "¿Quién te cantará?", la última película de Carlos Vermut, autor de la maravillosa "Magical Girl". "¿Quién te cantará?" es muy floja. Un pastiche de imágenes que recuerdan al David Hamilton de nuestros primeros pornos, por decir algo."Tiernas primas" (1980), por ejemplo. Me llama mucho la atención que la banda sonora de la película se sostiene sobre una canción de Mocedades, que da título al filme, y la espectacular "Procuro olvidarte", que popularizó Bambino en España y en Italia devoró Ornella Vanoni. Para Luis Martínez, crítico de cine de EM de La Méndez, la película oscila entre el hiperrealismo y una pesadilla. Sobre todo, esto último. 





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Para historias complejas, la compleja y mafiosa operación que ha obligado a retirarse a Alejandro Talavante, justo el año de su faenón en San Isidro. Detrás de su adiós, el boicot de su antiguo apoderado el cuernócrata charro Toño Matilla, de Matilla de los Caños, Salamanca, cuenta Javier Negre en EM de La Méndez. Talavante, siempre exquisito, eligió para comunicar su decisión de irse del toreo el Hotel Palafox de Zaragoza. Como Loquillo.  A lo grande. 


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Plaza y Janés ha publicado "Cómo volé sobre el nido del cuco", de una chica madrileña que firma con el seudónimo Sydney Bristow. La autora está afectada por un trastorno de personalidad límite y escribió el libro tras 37 días de ingreso en un planta de psiquiatría, presuntamente, donde ingresó tras un intento de suicidio muy serio. 
Empezó a contar su historia en Forocoches y ya ven, tras 300000 lectores y 8000 comentarios, el libro en la calle. Mas que el libro de Sydney, que leeré en breve por interés profesional, me preocupa mucho mas el reportaje que le dedica Irene Hernández de Velasco y esa frase entre los escombros: "quería que el suyo fuera un noviazgo de película....". Y luego la culpa, de Werther. 


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Y sin querer he vuelto a escribir. Y a correr, frenesí, deseo carnal.....10 kms. de Salinas. Muy lento, pero, en fin, es lo que hay...




LA PUERTA CERRADA (Hoy en La Nueva España)

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La puerta cerrada

El aislamiento, la creación artística y la exacerbación del egocentrismo de los escritores






El escritor Juan Tallón (Ourense, 1975) ha publicado su cuarta novela. Se titula "Salvaje Oeste". Es una novela excelente. En ella, Tallón da cuenta de forma minuciosa, prolija y obsesiva de los mecanismos que usa el poder para perpetuarse y de las conductas que mantuvieron los poderosos banqueros, políticos y periodistas que manejaron prácticamente a su antojo la sociedad española durante los años previos a la crisis económica. El resultado es un libro divertido y ameno, producto de la facilidad con la que el autor maneja el humor y sobre todo, la ironía. Esa reposada ironía que me parece un rasgo de carácter más anclado en muchos escritores gallegos que la muy nombrada "morriña", como si el constante lagrimeo del morriñoso se hubiese transformado con el paso del tiempo en un rasgo habitual en la expresión oral o escrita de las emociones. Juan Tallón, y es lo importante, firma con "Salvaje Oeste" un excelente trabajo. 



Pero a mí me sucede como a Glòria, esposa del escritor y crítico literario Ponç Puigdevall, que en la dedicatoria de su hermosísima novela "Il-lusions elementals", la increíble historia de un homeless catalán en Gijón, cuenta que a ella "le gustan más los hechos que las introspecciones". Yo estoy con la Glòria. Por eso del "Salvaje Oeste" de Juan Tallón me quedo con una frase. Concretamente con la última frase del libro. Porque me parece que da cuenta exacta de la "cara B" de una novela, de la cara oculta de la vida de un escritor, tan amena, disoluta y dicharachera a ojos de la mayoría de la gente y tan apagada y solitaria en la realidad. El escritor Tallón finaliza el libro dedicándoselo a su mujer y a su pequeña hija "por sobrellevar tantos días la puerta cerrada". A mí, que no conozco a Marta ni a Helena (con hache) más que de los comentarios felices y divertidos del autor, me parece una frase muy afortunada. Una frase tan sencilla que, como diría Borges, "camina en belleza, como la noche". La puerta cerrada. Sobrellevar una puerta cerrada. Es raro que los escritores sepan dar cuenta de este hecho. La mayoría llevan a gala "el placer de la soledad" como un rasgo fundamental y definitorio de su carácter. Y me viene a la mente esa terrible frase de Nietszche, tan enfermo como lúcido, que tanto le gusta a Andrés Trapiello: "Nosotros, los solitarios?". O la boutade de Sergio Pàmies cuando afirma que hay que elegir entre "escribir y vivir". O la desmesura con la que Antonio Muñoz Molina alaba el silencio y el aislamiento en el que trabaja en no se qué recoleta celda monacal lisboeta que le permite casi levitar de placer. 
Lo que Juan Tallón escribe sobre esa puerta cerrada es que la soledad y el aislamiento son absolutamente necesarios para la creación artística. En esas breves líneas también se dice que escribir, como trabajar, cansa. Y cansa mucho y muchas veces es muy duro y muy aburrido. Pero tras esa puerta cerrada no respira un hombre que se amputa la vida familiar ni social ni se vanagloria de su tendencia al solipsismo. Tras esa puerta cerrada hay un tipo que lo pasa mal porque escribir no es un oficio burocrático, rutinario y no sabe cuándo podrá salir otra vez a la vida. 
No creo que la tendencia al autismo o a la desconexión social sea un requisito indispensable para ser un buen escritor. Todo lo contrario. Salvo raras excepciones, los eremitas, suelo desconfiar de quienes hacen gala de dichas características. Porque nadie hay más ególatra que alguien que piensa que puede manejarse solo en la vida, que puede prescindir de los demás. La creación artística no contrarresta el egocentrismo. Al contrario, lo exacerba. La escritura es una gran cantera de vanidosos y de soberbios que, casualmente, no suelen ser los que hablan más alto y claro en las entrevistas. El oficio de escribir es un trabajo duro, extremadamente exigente a nivel mental en muchos momentos. El escritor, aparte de su trabajo, debe luchar de forma continua contra ese monstruo que se llama "vanidad". El día que un creador pierda la humildad habrá cavado su fosa. Ese día ya será incapaz de apreciar que escribir es, antes que nada, una puerta cerrada.