Retorno a Umbral y a las muchachas rojas

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La tarde se ha metido en lluvia tras los cristales. El domingo se ha quedado santurrón y blando, como sin importancia, sin esa importancia que viene con el sol y con la playa atestada de gente en las terrazas y en  el arenal. Me apetece salir a correr. Y mas ahora que ya no siento ni rastro de dolor en los talones. Uno, tras este tipo de lesiones, se nota como si flotase en el aire, cada zancada es una delicia que nos acerca a la la gloria y al final del camino, paso a paso, con esfuerzo, como cuenta Murakami en su libro de ruta para corredores de fondo.
Son realmente bellas estas tardes de tedio sin plateresco, que tan bien describía Umbral cuando vivía y dormía A la sombra de las muchachas rojas. Sobre todo porque me permiten hablarles ahora de ella, que esbelta y silenciosa trastea por la casa, "encendiendo fogatas de música en las habitaciones mientras yo miro entre ingenuo y extasiado el relámpago de sus ojos y el planetario espontáneo de sus glúteos". Aquí, a la orilla del mar del mar la veo tan hermosa que ni siquiera preciso del material de los sueños para dibujarla. La lectura de Umbral, el sonido inacabado de su Olivetti y el burbujeo constante de su ingenio ayuda a evitar que lleguemos al abismo, a ese abismo en las relaciones humanas que tan bien esboza Martín Winkler en La enfermedad de Sachs:  "Ya hace meses que están juntos. Se ve en la manera que se hablan, en la manera que él la ayudaba a ponerse el abrigo este invierno, en que le da su brazo cuando se van....Nunca miran a su alrededor cuando están sentados en la terraza, en cambio, en otras parejas, suele haber uno que habla y otro que mira a su alrededor para ver si reconoce a alguien o por miedo a ser reconocido".  
Sí, ahora que quieren colgar a César G. Ruano por los testículos que no tenía, tal vez sea el momento de volver a leer con más fuerza la prosa violenta y viva de Paco Umbral, su poesía enladrillada en cada estrofa, su ritmo eterno de danzón y tango vallecano, maricas de terciopelo.... Por cuestiones muy sencillas: porque en todos sus libros se aprende sociología, se derrama la vida y se folla mucho. Y follan hasta las muchachas rojas. Porque la vida es eso, celliniana: mentir, follar y morir. Leer a Umbral, tenerlo presente, vivo, bajo la manga, dispararlo a quemarropa en esta sociedad tan hipócrita y cínica es el mejor antídoto contra la cursilería, el pensamiento correcto y contra los fachas. ¡Joder! Hay que ver todo lo que cabe en estas tardes de neblina y agua.








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"Al pasar los años, te gustaría atrapar de nuevo las palabras dichas por ciertas personas para preguntarles qué quisieron decirnos... Tal vez no supimos comprenderlos o no supimos hacer la pregunta adecuada". Louis Ferdinand Cèline. Viaje al fin de la noche



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MODELAJE: Nos quedamos porque tenemos fe, nos marchamos porque nos desengañamos, volvemos porque nos sentimos perdidos....



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Ah¡ y no dejen de trabajar en vacaciones. Ni se les ocurra desconectar¡¡¡ Lo cuento en Jotdown¡¡¡¡

Bajo el volcán (II)

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Las visitas a La Graciosa se están convirtiendo en la atracción estrella de los viajes a Lanzarote. La Graciosa es la isla mas grande del llamado Archipiélago Chinijo, del que también forman parte Alegranza, Roque del Este y Roque del Oeste. Me gustan los días que vamos a La Graciosa porque tienen algo de viaje mágico. Hay que madrugar para coger el barco en Órzola, que es un pueblo idílico que crece entre arrecifes, hay que aguantar los vaivanes del barco hasta que enfila ya El Río, que es la franja que separa Lanzarote de La Graciosa y luego la tranquila llegada a Caleta de Sebo, la capital de la isla. Caleta de Sebo fue hasta hace muy poquito una pequeña aldea de pescadores donde siempre ha habido una pequeña pero activa flota pesquera. Hoy es un pueblo que ha crecido bastante, no demasiado, pero que tiene un bullicio excesivo para la tranquilidad que emana el resto de la isla. En Caleta se concentran todos los negocios de alquiler de jeeps, de bicicletas y demás artilugios para el ocio. No obstante sigue siendo un placer pasear por sus calles de arena entre sus casas de planta baja, puertas de color azul cielo y encaladas hasta la extremaunción. Es curioso pero la llegada del turismo no ha variado demasiado la fisonomía de la isla. Y es que traer lo que sea a La Graciosa, al ser el barco el único medio de transporte, cuesta bastante. Así que la gente viene aquí con lo extremadamente necesario, lo que da a la isla un aire entre el hippismo de los primeros tiempos y el aroma austero que desprende el Simón del Desierto buñueliano. 
Para mí La Graciosa es una isla sellada. Una isla inaccesible a todo análisis que no tenga en cuenta las palabras que Ignacio Aldecoa escribió sobre ella. Los surrealistas, escribió Juan Cruz, descubrieron que Tenerife era un puñetazo en el cielo. Aldecoa dejó escrito que La Graciosa era un puñetazo en el mar. Ignacio Aldecoa, el gran novelista vitoriano, se pasó la vida huyendo de sí mismo y de sus fantasmas. Hasta que llegó a las Islas Canarias y se enamoró de ellas. De todas ellas pero sobre todo de La Graciosa. Aldecoa escribió un librito muy curioso sobre este viaje que se titula Cuaderno de Godo y que Juan Cruz valora mucho pero a mí no me parece para tanto. Salvo el capítulo dedicado a La Graciosa, a los pescadores de La Graciosa en los años 60. Es un capítulo altamente emotivo. Porque lo que viene a decir Ignacio Aldecoa es que, por fin, en su huida había encontrado el paraíso: en la isla de la soledad. Aldecoa volvió otra vez a La Graciosa para pasar un mes entre los pescadores, haciendo sus faenas, vistiendo sus ropas y comiendo sus jareas y sus potajes. Cuentan sus amigos que al coger el barco para encerrarse un mes en el Archipiélago Chinijo les miró con tristeza y les dijo: "Pasado el mes, por favor, si no puedo volver no me dejéis solo allí."








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Sobre Aldecoa en Canarias, TVE2 hizo este maravilloso documental, dirigido por Juan Cruz y narrado por Iñaki Gabilondo. No es nadie Juan Cruz cazando genios para la causa.
El documental es admirable. En él brilla con luz propia la mujer mas interesante de la Generación de los 50, gran amiga de Ignacio: Carmen Martín Gaite.





Bajo el volcán (I)

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Llevamos ya ocho días en la isla. Y estaremos alguno mas de lo previsto. Las debilidades del cuerpo y el atractivo de la lava y la malvasía nos arrastran como las sirenas de la mar y nos impiden tomar el vuelo de vuelta, como el viento, hacia ninguna parte.  A fin de cuentas, no siempre puede uno estar viviendo tranquilamente en una isla mágica, sobre una montaña de fuego. 
La isla está mas transitada que nunca. Ocupada sobre todo por un turismo europeo muy joven, con abundancia de niños pequeños. Pero pese a que la ocupación hotelera supere el 90% no se advierte la misma aceleración en el consumo. Los turistas suelen venir con su pulserita de todoincluido y pasan los días recluidos en sus viviendas de alquiler. No, esta isla mágica, aún no ha vuelto a ser lo mismo. Eso aparte, aún quedan por concluir las obras públicas que enlentecen mucho el tráfico por el centro de la isla y afean notablemente el paisaje.





Por suerte, nuestros garitos habituales siguen en pie. Gilberto sigue en la librería El Puente, Casa Ginory sigue repartiendo matrimonios de corvina y calamar, sumitos y cortado condensada a toda pastilla. En el Aguaviva, Luis y Javier siguen haciendo alquimia con productos insospechados y nos despedimos de ellos con el gin tonic sólido que tan bien resulta para asentar las cenas. En Uga, en la Bodeguita, en un cuarto de hora te montan un timbal de delicias a la vera de donde sueñan los camellos en las noches estrelladas. Y para comer buen pescado siempre estará Juan El Majorero en el Brisa Marina de Playa Blanca o Pepa, en la Marea de Playa Honda, que elige con mano firme los mejores peces al primer rayo de la luz de la mañana. Pero salvo los chiringos frecuentados por nativos, el resto, a donde vamos los godos, visigodos o peninsulares (según el tiempo que llevemos en la isla) suelen estar casi vacíos. Yo, que ya soy al menos visigodo, puedo opinar un poco. Y eso hago a la que puedo.

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Ayer por la tarde, mientras regresábamos de La Graciosa, sucedió una cosa bastante curiosa. Al hilo del Caso Pujol, tan en candelero. Hace cuatro años yo tuve contacto con Albert Solé Bruset, el cineasta hijo del exministro Jordi Solé Tura.  De aquel encuentro dejó taxativa constancia el escritor avilesino Saúl Fernández en una entrevista psicodélica que le hizo para La Nueva España. Y digo psicodélica porque recuerdo con pena el menú que tuvo que comerse aquel día el bueno de Albert: ¡el menú del Hospital!, el menú de un día raro, que diría Saúl en su última novela.
A Jordi Solé Turá le dedica Arcadi Espada la primera y contundente columna escrita tras la la confesión del latrocinio fiscal cometido por Jordi Pujol. A Jordi Solé Tura le lleva dedicando Espada las mejores palabras que se le pueden dedicar a un político desde que escribió Contra Cataluña, un libro profético y profetizante que puede entenderse ahora mejor que nunca. Sin embargo, la percepción de Albert del trabajo de Arcadi no ha sido buena. Ignoro las razones. Cuando Albert Solé estrenó la película sobre su padre, ya con Enfermedad de Azheimer, Bucarest, la memoria perdida, Arcadi Espada la criticó con dureza. Y no fue el único. Cuando la proyectamos en Avilés, Albert Solé vino, como conté antes, al coloquio haciendo un esfuerzo gratuito e inhumano. Yo tuve que aguantar un chaparrón de críticas sobre la cinta de algunos de mis jefes de entonces, personas que, colateralmente, habían compartido militancia comunista con Jordi Solé Tura. A mí, que desconozco aquellos tiempos, la película me gustó mucho y me pareció humana y muy cariñosa. Muy lejos de la frialdad metálica que desprende Bicicleta, cuchara, manzana, el documental sobre Pascual Maragall y familia.
Bueno, pues la cosa estaba así. Con AE y AS francamente distanciados. Hasta que ayer, al fin, Albert Solé desde su muro de Facebook agradeció públicamente a Arcadi Espada la defensa que ha hecho de su padre e incluso agradeció al diario El Mundo, la pertinaz investigación que ha obligado a Jordi Pujol a confesar las tropelías de su falsificado pasado.
Confieso que a mí me sorprendía la actitud de Albert Solé sobre alguien que defendía con tanto ahínco la figura de su padre, masacrado por el pujolismo. Confieso que también me sorprendía que Albert Solé aceptase, si esa es la palabra exacta, apoyos de parte de quienes lincharon política y socialmente a su padre. Como decía José Larralde: ... pero los patrones mueren y después los hijos mandan..Y me temo que eso ha sido así durante mucho tiempo. No lo entendía. Yo se lo pregunté y creo que fue sincero aunque a mí no me convenciese su respuesta. Por parte de Arcadi lo que ha habido siempre ha sido lo mismo. Un trabajo minucioso, contrastado, pegado a los hechos y lejos de los porqués que a mí tanto me interesan. Y siempre ha mantenido lo mismo: que el hijo no ha estado a la altura del padre. En esto estoy con Arcadi. Pero también puedo decir que la carta de Albert de ayer por la tarde me alegró mucho. Por dos razones, porque lo que supone de refuerzo para A. Espada, a quien tanto han pateado y despreciado, y porque Albert Solé me parece una gran documentalista y un tipo sencillo y humano, demasiado humano. Y que tal vez aún no lo haya dicho todo su padre. Sobre el Capitán Trueno.



PD. La foto, del gran Ricardo Solís.


Amigos de verdad

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Pues por ejemplo, toda este gente con quienes comparto mi vida desde hace unos 30 años. Por eso precisamente, por haber tenido la generosidad de permitirme hacer de sus vidas la mía. No están todos en la foto pero sí en el recuento diario.






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Entre las múltiples e intensas muestras de apoyo que están recibiendo los Equipos de Tratamiento Asertivo Comunitario de Oviedo y Avilés para que continúen prestando sus servicios como hasta ahora hay un testimonio muy especial para mí.
Lo que Ana Amigo y su equipo hicieron  por nuestro trabajo en su momento con el documental DESCONECTADOS ( 2011) tuvo un valor incalculable para la vida de muchos enfermos y sus familiares.
Pero que sin que supiésemos nada de ello, la Excelentísima Señora Doña Ana Amigo Mérida exponga de una forma tan educada y valiente su opinión sobre la tropelía que está a punto de cometerse es algo que excede todo lo imaginable.
Ana Amigo, una de las mejores cabezas de nuestro denostado cine, regaló a LA VOZ DE AVILÉS en nuestro apoyo un titular antológico, propio de una persona muy sensible como es su caso: LAMENTABLE EN LO SANITARIO Y DOLOROSO EN LO HUMANO Un titular que pasará al archivo de mis recuerdos de prensa mágicos junto a aquel otro que firmó Mariola Riera en el año 2002 para La Nueva España: EL MEJOR HOSPITAL, EN CASA.
Ana, te queremos. Un besazo. De los de película, claro.









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Y una noticia muy triste. Si un servidor ha tenido en esto de la Rehabilitación Psiquiátrica un espejo en el que mirarse y un apoyo  firme e incondicional, ése ha sido el psiquiatra Jose Juan Uriarte Uriarte, jefe de los Servicios de Salud Mental de Vizcaya. Ayer, Jose Juan despidió para siempre a su esposa Consu Landabaso (1962-2014).
Jose, como ambos somos del Athletic y anglófilos, solo te diré que nunca caminarás solo. 
Y que en esta tierra estamos contigo y con los tuyos. Un abrazo muy grande de parte de mucha gente. Seguro que la princesa Leia se parece ya a su abuela. Fijo¡





Tiempo de cerezas

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León, en los primeros días del mes de Julio muestra la mejor cara que se le conoce desde los tiempos de Lancia, cuando los romanos dominaban la Tierra hasta el Finisterre. O a la mejor, desde antes aún. El sol luce con fuerza, intenso, pero aún no calienta demasiado, la luz es clara y diáfana, como salida de uno de los copones de agua bendita de Zurbarán y los molestos pelujos de los chopos han desaparecido. Es un placer pasear por Papalaguinda, a la vera del Bernesga, los sábados en las tardes de verano. La mayor parte de la gente ya se ha ido a sus segundas residencias y su ausencia aquieta la ciudad y permite recorrerla cómodamente, muy a gusto. En los parques infantiles solo quedan niños sudamericanos o africanitos simpatiquísimos que juegan a sus anchas en todos y cada uno de los columpios y toboganes. León tiene unos paseos largos, rectilíneos, amplios, fabulosos y unos parques son que réplicas en miniatura de Hyde Park.






Pero nosotros hemos venido a León para otra cosa. Hemos venido porque mi madre cumple años. Y porque esta noche celebraremos que la mayoría de los amigos (unos vejetes muy risueños) han cumplido medio siglo de vida. A la celebración de los 50 llega este grupo creo que mas unido que nunca. O tan unido como siempre que no es lo mismo pero es verdad. Algunos de ellos llevan juntos mas de 40 años. Yo, que soy el benjamín y el último en llegar a esta rehala, llevo ya mas de 30 años tratándoles a todos. Cierto que no estarán todos los que somos pero sí que somos todos los que estamos. Y en breve, cuando el viejo Simbad vuelva a las islas, habrá que volver a juntarse con algún motivo menor pero suficiente; yo que sé... algún bautizo, alguna boda o para comer unas ancas de rana en el bañezano Bar París, donde dicen los hermanos del Riego que las ponen como las de antes de entrar en la OTAN. Todo esto lo digo la mar de serio.
Hoy, tras la comida de celebración he recorrido a solas la casa familiar. Apenas ha cambiado desde que mi padre vivía, Mi padre murió hace 13 años, en 2001. El año en que los aviones destrozaron las torres gemelas y enloquecieron los vacas. Fue un mal año aquel. Hoy veo los muros de la patria mía y me parece importante que sigan en pie y que todos sigamos comiendo juntos de cuando en cuando.
Mi madre ha llenado la casa de recuerdos y de fotografías de mi padre. Los recuerdos me entristecen por lo que tienen ya de estáticos y de irrelevantes para mí en muchos casos. Cuando mi padre murió, ya nos separaba un abismo de ideas y creencias aunque le quería mucho porque se dejó la piel para que yo pueda estar ahora cuestionándole en esta casa que fue la suya. No cabe generosidad más sincera. Pero lo que menos me gusta de la visita es la escasa calidad de las fotos de cuando entonces. A mi padre no se le ve bien en casi ninguna. Salvo aquellas tamaño carné que mi madre lleva siempre en su monedero. En la mayoría de fotos su figura aparece empequeñecida, lejana: bien sea junto a unos amigos paseando por la montaña o de espaldas podando los rosales que tanto le gustaban o con gesto alegre pero muy lejano y difuso mirándole el aceite a su primer gran coche, un GS Club rojo matrícula LE-3222-B que fue el coche de mi infancia, en el que aprendí a cazar tantas madrugadas de agosto. Y en el que supe lo que era el sexo compartido por vez primera, entre sudores, escalofríos, estupor y temblores.
Me gusta que la casa familiar siga así, sosteniéndose en este discreto caos, pero yendo hacia adelante. Al cabo de todo pienso que la culpa de que este equilibrio tan complicado se mantenga es culpa y responsabilidad de la mujer que hoy cumple años. De su capacidad de trabajo, de su espíritu de sacrificio, de su constancia y de su fe en el futuro aunque nunca deje de quejarse: "Yo no estoy bien... tenéis que hacer algo...me duele todo...". Eterna estrofa de agua...










Spleen de Madrid en Julio

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Remoloneaba tardes atrás por la librería que está en los bajos del Círculo de Bellas Artes, en Madrid. Una librería espléndida, delicada;  filial, creo de la mítica Antonio Machado. Estaba esperando a que Heptafon apagase los motores de su despacho en un Banco cercano y se bajase a tomar conmigo unos gintonics Ten demediados en la agradable terraza del Círculo. De mi paseo por la librería acabé con una docena de títulos nuevos en la cartuchera: que si Campo de guerra, que si el Caravaggio de LA de Villena, etc, etc. Cuando fuí a pagar comprobé que, como de costumbre, había comprado demasiado y retiré del botín un libro de poemas titulado El amor en los sanatorios, de un poeta zamorano, Jose Angel Barrueco. Yo no sabía nada del autor pero hojeando el texto ví dos o tres versos que me llamaron la atención y lo metí en la bolsa. Cuando le dije a la joven chica que me estaba cobrando que lo dejaba, lo miró con cierta tristeza y me dijo: "Pues debería usted llevárselo, porque es una delicia de libro: es un poemario tiernísimo en el que el autor describe con mucha sensibilidad los meses que pasó en el hospital acompañando a su madre en la Muerte y disfrutando de la llegada de su primer hijo a la Vida. De hecho, el libro lo dedica a su madre y a su hijo, que se cruzaron en  algún punto entre la Vida y la Muerte; lléveselo, de verdad, no se arrepentirá" insistía con cierta vehemencia.  La chica era una jovencilla de unos 20 años, de pelo a lo garcon, teñido de rubio, con un leve piercing en las orejas y con una camiseta negra muy fina con una inscripción en francés que decía "Je suis ici".

En realidad, desde que empezó a hablar del libro ya había decidido llevármelo pero me gustó su defensa desencadenada de la obra. Cuando se lo dije se puso muy contenta y mientras me echaba el bolsón cargado de libros al hombro, la miré por última vez y ví en su rostro una sonrisa leve e infrecuente. Una pena que ya no me quedase mas tiempo en la tarde para pegar la hebra con ella o que no cupiese en el macuto entre el resto de libros. Me la hubiese llevado con sumo gusto. El bueno de Heptafon, que fue testigo de estos hechos vestido con un exquisito terno de diseño italiano, podrá decir si miento en este afiche de tarde torera.


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Yo quería hablarles hoy de por qué duele el amor, o de la formidable lección de anatomía de Marta Sanz o del amor en los sanatorios o o de la triste y orgullosa rosa roja deYeats, de que pese a todo todavía sigo en pie. Pero llega con urgencia el libro del profesor Baca Baldomero: Transgresión y perversión, largamente esperado: En la perversión el ejercicio del poder es lo que produce placer, no es la erótica del poder, si la hubiera, sino la inermidad del otro ante mi voluntad. Esto, tan importante.


Sweet surrender

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El Amor y sus patologías. El neorromanticismo rampante trae estas cosas. Un gusto por el amor apasionado, por el jugárselo siempre a todo o nada, el predominio de lo instintivo sobre lo racional, sobre el pensamiento, sobre lo más específicamente humano. Pero lo que suena es siempre la misma estrofa de agua. 
Esa relación inseparable entre el amor y la ingenuidad que permite dar los primeros pasos en el enamoramiento. No hay relación amorosa que no nazca acunada por unas buenas dosis de ingenuidad por ambas partes. A la ingenuidad la suple la idealización del otro, del "objeto deseado", espacio privilegiado para el psicoanalista. El psicoanálisis insiste en que esta "elección de objeto amoroso" se relaciona directamente con las carencias habidas en nuestras relaciones objetales primarias: buscamos en el objeto de amor aquello que pueda sellar las fallas, las carencias que tuvimos en nuestro primer desarrollo: dudas, inseguridades y traumas diversos. El problema llega cuando la ingenuidad ha de desaparecer. Esa ingenuidad que no existe mas que en el imaginario de los amantes y que consiste en pensar que el otro encontrará en ti, omnipotente, respuestas a todos sus problemas y viceversa. Pero esto casi nunca es así. De como resolvamos la ruptura de esa burbuja de ingenuidad dependerá el devenir de la relación amorosa.  Hay que lograr pasar del "yo te salvaré", que realmente equivale al "yo me salvaré", al "juntos, nos salvaremos".  Y esto no es fácil. Es altamente doloroso desprendernos de nuestra capacidad salvífica para el otro y viceversa. Porque ahí, al retirar la idealización del objeto amado,  puede saltar todo por los aires. Pero de ahí no escapa nadie. Recuerda...








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De naufragios y retornos. La hermosísima SON DE MAR.