El fin de la minería (III)

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El Hospital Psiquiátrico de Oviedo, la vieja Cadellada,  fue demolido en los últimos meses del año 2003 para levantar el actual Hospital Universitario Central de Asturias. En sus últimos tiempos los muros del viejo psiquiátrico alojaron las oficinas del primer SESPA y acogían las actividades docentes de los profesionales de la Salud Mental asturiana. Por entonces, un miércoles de cada mes, al final de la mañana teníamos una sesión monográfica. La mayor parte de las sesiones eran impartidas por profesionales de las distintas áreas sanitarias. Pero de vez en cuando se invitaba a ponentes ajenos a ellas. La última conferencia que se dictó en La Cadellada la pronunció en el mes de abril de 2003 el escritor y periodista barcelonés Arcadi Espada. Se tituló "El tratamiento mediático de la enfermedad mental" y fue un éxito de público y de crítica. Yo había conocido a Arcadi en Barcelona unos meses antes y me pareció que tenía escritos muy interesantes para nuestro trabajo. Y le invité a visitarnos para que nos hablase de ellos.
Recuerdo bien aquella mañana. Llovía a mares y el viajero no llegaba. Yo pensaba que ante el diluvio tal vez hubiese preferido quedarse en casa. Cuando le ví llegar a La Cadellada, sacudiéndose la gabardina, no me lo podía creer.  Pero allí estaba. Vestido con un terno negro con aroma a cave existencialista y con unas elegantes gafas recién compradas en Venecia y que ocultaban mal que bien su miopía magna. La miopía magna de Espada. O como él preferiría, la magna miopía de Espada. Muchas veces hemos hablado de ese tema, de su mirada, de las complejas exploraciones que le hacen, de los seguimientos a que debe someterse para evitar complicaciones, como la ceguera. Y sobre todo, me contaba entonces, lo que le angustiaba la posibilidad de que sus hijas, por entonces muy niñas, heredasen ese problema. Creo que Arcadi ha contado esto en sus artículos así que no creo estar desvelando nada nuevo.
Al poco tiempo de aquella visita de Espada la periodista Mariola Riera hizo un reportaje en La Nueva España sobre el Modelo Avilés del Tratamiento Asertivo Comunitario que se tituló "El mejor hospital, en casa". Fue la primera aparición en prensa del trabajo pionero que llevábamos haciendo cuatro años. Yo le envié el artículo a Espada con cierto temor y pocas esperanzas de que lo leyera. Pero para mí sorpresa se lo leyó con calma y me contestó con unas palabras llenas de respeto. Algo así como "Lo que vosotros hacéis sí que es algo verdaderamente importante para la sociedad y no lo que hacemos nosotros los campanilleros...". Bueno, pues éste fue el comienzo de una cierta forma de amistad que dura ya más de diez años. Digo esto porque ambos somos renardianos en los afectos: "en la vida no hay amistad... hay momentos de amistad...". Y lo mismo que ha habido acuerdos, también hemos tenido enfados y desencuentros.
En años posteriores Arcadi ha venido en varias ocasiones a nuestro Congreso de Avilés, que va por su XII edición, y siempre ha expresado su interés por nuestro proyecto. O lo que es lo mismo, su deseo de que le vaya bien a los pacientes que atendemos.
No sé muy bien porqué me ha venido todo esto a la memoria tras leer su Correo Catalán titulado "Le he traído a mi hijo" del pasado sábado día 24 de Abril de 2015, una pieza cargada de realismo, contención y un dolor extremo. El asunto del aborto de fetos enfermos fue un tema largamente discutido en su propio blog meses atrás.  Aquel duelo ideológico llevó la carga de pasión e irracionalidad que acaba tiñendo los debates que descansan sobre valores más que sobre hechos. Aunque en el concreto asunto de los fetos enfermos lo fáctico tiene un peso superior al que hay en los otros supuestos que avalan una interrupción voluntaria del embarazo. Era curioso: muchos críticos de Espada le reprochaban, sobre todo, un adjetivo. Le aconsejaban retirar el adjetivo “peores” con el que calificaba a los hijos “tontos o enfermos” traídos al mundo de forma consciente por sus progenitores. Para sus detractores el turbulento asunto se habría aliviado si Espada hubiese “dulcificado” un poco sus afirmaciones, que decía Felicidad Blanc, la madre de los Panero, en El Desencanto. A Espada se le pedía que tomase su propia medicinay que dijese “orificio anal” donde antes había gritado “ano”. A Espada se le exigía, o sea, que dejase de ser Espada. Tiene que ser realmente molesto que en pleno duelo de ideas los creyentes te pidan que dejes de ser tú mismo
Pero Espada, que según exploración al tacto de Miguel Dalmau tiene los cojones de acero, no se arrugó. Y ni siquiera frunció el entrecejo para acomodar la mirada como hace cuando enfila a un majadero. Porque como siempre suele ir un poco por delante de sus perseguidores sabe que el motivo del debate para cualquier bioeticista aficionado no deja de ser a estas alturas del siglo XXI  un toro pastueño. Desde que Daniel Callahan lanzó en 1987 desde Harvard su libro “Poner límites. Los fines de la medicina en una sociedad que envejece” (Triacastela, 2004)  nos estamos dando leña con asuntos tan intensos y dolorosos como el debate eugénesico. Nada nos prohibe y es más, estamos obligados a reflexionar sobre los problemas asistenciales, económicos y éticos que nos ha puesto sobre la mesa el fulgurante éxito de la medicina y el brutal crecimiento de las demandas en los sistemas sanitarios modernos. Daniel Callahan fue tan valiente como discutido en cuanto propuso que la edad fuese uno de los principales criterios que deberían regir la distribución de unos recursos sanitarios limitados ante la imposibilidad de ofrecerlo todo a todos. Y en concreto, según Callahan, los recursos debieran ofertarse con muchas reservas a quien tuviese más de 80 años. Ahí queda eso. A Callahan le llamaron de modo menos “bueno”. Pero ahí ha seguido razonando y discutiendo. Y ha logrado que gran parte de su obra se haya vuelto imprescindible con el tiempo.
Por eso no entiendo la ventolera levantada en juzgados y redes asociales por la democristiandad y marianismos anejos ante las propuestas de Arcadi Espada. Cierto que son temas duros, difíciles y que sus propuestas son provocativas. Pero también son terriblemente necesarias. Además, como Espada ha sufrido en propia sangre el dolor que supone legar a la prole herencias discapacitantes, sus escritos huyen de criterios economicistas y son tan claros como compasivos. El autor se apena tal vez porque, como cuenta Daniel Callahan, si a alguien hay que echarle la culpa de estos problemas es a nuestros sueños. Porque muchos se han cumplido gracias al progreso médico.





El fin de la minería ( II)

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De donde se descubre que Nicanor García, candidato por Ciudadanos a la presidencia del Principado de Asturias, fue hasta hace medio año militante del PSOE de Oviedo. La prensa derechista dispara obuses con denuedo. La prensa sociovergente, la bipartidaria y la zocata no saben cómo adjetivar el evento. Llevan tanto tiempo hablando de Ciudadanos como"marca blanca" que esto de que el excantante del Coro minero de Turón venga del socialismo les descompone el gesto. Se ve que no captan aún que cosa sea " lo transversal". Se ve que no llegan al tuétano del "conceto".






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En pleno furor electoral también surge algún debate que merece la pena. Una de las mejores frases de la precampaña la firma la magistrada Manuela Carmena, candidata de Podemos (¿se escribe así?). La juez Carmena, una excelente persona y miembro de la Casta desde hace 30 años, ha recordado que "gobernar es escuchar". Yo aún diría más, Manuela: "convivir es escuchar". En concreto escuchar al otro, al que no piensa como nosotros.  Y esto es lo que no sucede en ciertas redes asociales.





El fin de la minería (I)

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28 días. Hasta hace poco eran los días que la ciencia estimaba necesarios para crear un nuevo hábito. Una reciente investigación publicada en MUY INTERESANTE ha ampliado el plazo necesario para transformar una conducta anómala en un hábito saludable (o viceversa) a 66 días. Vamos, que hay que esforzarse un poco más si queremos ser mejores. Parece lógico. Hollywood, en su perpetua preocupación por el bien común, siempre ha preferido edulcorar la realidad a admitirla sin ambages. Aunque con tanta azúcar lo que suele salir de sus factorías nada tenga que ver con lo real. De ahí que Walt Disney Corporation le impidiese a la artista gráfica Taryn Simon que fotografiase sus instalaciones. Algo que no se atrevieron a a hacer ni la CIA ni la NASA. "La población necesita fantasía para escapar a la angustia de estos años tan violentos" esgrimieron como argumento los guardianes de la ilusión y del Pato Donald. Pero pese a Hollywood y sus valores genuinamente americanos debemos estructurar nuestras vidas en torno a la realidad. Porque quien trabaja con la fantasía o se estrella o acaba en la neurosis, esa forma de insatisfacción vital que tanto dinero lleva a las consultas de psicoterapia.
28 días quedan para las elecciones municipales y autonómicas. Asturias también participa en ellas. Estas elecciones exhiben una llamativa diferencia con las que yo he conocido en los 22 años que llevo viviendo en el Principado. Son las primeras que se celebran sin la presencia en primer plano del histórico exlíder minero Jose Angel Fernández Villa. Como se sabe el exdirigente ugetista está siendo investigado por la Fiscalía Anticorrupcion tras su intento de regularizar mediante amnistía fiscal 1,4 millones de euros. A nadie que conozca algo de la política local le es ajena la capital importancia del personaje en el runrún social de la región asturiana de los últimos 30 años. De ahí que Asturias se enfrente en 28 días no solo a un cambio de caras en los ocupantes de los escaños de la Junta General del Principado. Es el momento en que, como dice Bonifacio de la Cuadra en su "Democracia de papel", los partidos políticos deben ceder, en beneficio de los ciudadanos, gran parte del excesivo poder que se arrogaron con la Constitución de 1978. Y es el momento en que los asturianos han de decidir si optan por un modelo social renovado. O bien prefieren seguir siendo gobernados por un núcleo familiar de corte, digamos, "mediterráneo". 28 días que serán contados desde este blog verso a verso, paso a paso.





Fijar el instante

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"Sobre la fotografía" es uno de los ensayos más valiosos de Susan Sontag. Recuerdo vagamente algunos aforismos pero si hay un sintagma que Sontag se preocupó de coser a su idea  de la fotografía fue la nostalgia, el paso del tiempo. Leyendo el reportaje que Juan Goytisolo acaba de publicar en El País Semanal sobre La Chanca, el pobrísimo barrio almeriense que tan certeramente retrató en 1959. Todo en él es pura nostalgia, tiempo desvaído. Aunque, por desgracia, demasiada Chanca sigue siendo la de entonces. La pluma de Goytisolo también sigue siendo ágil e incisiva. En tres párrafos nos pone al día de lo que fue aquello y ya no es. Pero no entiendo la belleza que puede haber en la miseria. No entiendo porqué la miseria puede atraer a cineastas y otros creadores. No, decididamente yo no capto la esencia estética de La Chanca. Me quedo en la frase simple y terrible del anciano que explica la persistente marginación del barrio a causa de las políticas municipales. "Saben que nos les votamos...". ¡Cuánto miserable sigue dirigiendo la vida pública! Y vuelta a las fotos de la mierda rehogada y coloreada. La nostalgia de aquello que jamás sucedió.


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El Jeu de Paume es una de las mejores salas de exposiciones de fotografía que hay en París. Me encanta pasar las horas muertas recorriendo sus tres pisos mientras la tarde cae sobre los jardines de las Tullerías o los alocados conductores del sábado noche sobrevuelan la Plaza de la Concordia. Siempre se aprende algo nuevo en el Jeu de Paume. Esta última visita, y de forma totalmente inesperada nos dimos de bruces con la exposición de Taryn Simon, fotógrafa norteamericana, rica, guapa, famosa y cuñada de Gwyneth Paltrow. Como diría Blasco Ibáñez, el ídolo secreto de Rafa Lahuerta, ¡Gran Dios! ¡Qué maravilla! ¡La vida entera estaba allí! En las fotos de Taryn Simon, que es una artista contracorriente. Tiene series impagables: una sobre los objetos de contrabando decomisados en las aduanas de Estados Unidos. Otra sobre los espacios habitualmente vedados a los propios yanquis en su país: la NASA, la CIA, el Klu klux Klan, un frasco con VIH en Harvard, un vertedero tóxico, etc... Pero la serie que más me impresionó fue la de Los Inocentes: fotos de condenados a larguísimas penas de cárcel en base a testimonios de testigos o pruebas que muchos años más tarde se demostraron falsas. Ahí surge otra concepción de la fotografía que se le escapó a Susan Sontag y que Taryn Simon ha cazado al vuelo: un instrumento para la mentira y la manipulación tan falible como la mente humana.




















Solo hay un espacio que le han vedado fotografiar a Taryn Simon: el parque de atracciones de Walt Disney. Le negaron el acceso con estas palabras: “ Especialmente en estos tiempos violentos, personalmente creo que la magia que sienten nuestros visitantes debe ser protegida ya que les provee una fantasía importante en la que escaparse” Un parque de atracciones, aparentemente inocuo, es pues el único lugar del mundo del que no se verán fotografías de Taryn Simon.




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 Sucedió hace dos o tres días en la playa de Somo, cerca de Santander. Un recluso gallego de unos 50 años disfrutaba de un permiso carcelario. Le dieron un fin de semana libre. Llevaba una buena temporada en la cárcel por tráfico de drogas. El fin de semana le debía acompañar algún tutor que le impidiera delinquir durante el permiso. Como ningún familiar asomó por El Dueso le pusieron un voluntario, un súbdito letón. El preso dijo que lo primero que quería hacer al salir era bañarse en el mar ya que llevaba 11 años sin hacerlo. Y así lo hizo, se compró un neopreno y se zambulló entre las olas. Pero a los pocos minutos el letón se dió cuenta de que flotaba inerte. Se había ahogado. La noticia me dejó muy frío. Por saber que quienes pueblan nuestras cárceles son pobres diablos con muy pocas luces. Pro saber el daño que hace a los pobres la no legalización del consumo de ciertas drogas. Y porque pocas cosas puede haber más tristes que, en España, donde todo es compañía, te tenga que tutelar un letón; no por su nacionalidad, claro, sino por la ausencia de seres queridos. Las tutelas mercenarias. Ese oxímoron, ese cuento chino de la posmodernidad.




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Lo que quieren los poetas es fijar el instante:




Ciudadanos sin remedio

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Publicado ayer, en La Nueva España: Cuenta Félix de Azúa en un número reciente de la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" que una vez le explicó el fallecido Ferrán Lobo que la profundidad del pensamiento filosófico no dependía tanto del talento intelectual del pensador de turno como de su valentía, de su coraje. Cuenta Félix de Azúa que la valentía en el pensamiento de Fernando Savater "es consecuencia de una ausencia de cobardía vital y empírica muy rara en este país nuestro de matasietes y rompetechos". Este arrojo, este coraje ante la masa idiotizada es uno de los rasgos que más me atraen del filósofo donostiarra. Anda media Italia seducida por la apuesta del montañero y escritor Erri de Luca que está dispuesto a ir a la cárcel por defender su derecho a opinar, a decir lo que él llama "la palabra opuesta". Bueno, pues Fernando Savater lleva casi 40 años diciendo lo que piensa aunque sea "en dirección obstinada y contraria". Y aunque le vaya la vida, y no la cárcel, en ello. El desafío perenne de Savater al fascismo de lo políticamente correcto y su defensa de los valores laicos y socialdemócratas le han convertido a mi juicio en el primero de nuestros intelectuales. Recuerdo a bote pronto el formidable manifiesto en defensa de la sanidad pública que apareció en el diario "El País" hace un par de meses encabezado por Adela Cortina y Victoria Camps y que corrió como la pólvora entre el gremio sanitario en cuanto se supo que también lo firmaba Fernando Savater. Una concreción clara y deliciosa, casi poética, de lo mejor de su pensamiento y una llamada a que la sociedad abandone la molicie participativa de los últimos lustros se recoge en su último libro publicado. "¡No te prives! Defensa de la ciudadanía" (2014) es una rocosa defensa de los derechos reconocidos por el Estado a todos los ciudadanos y en última instancia, de la Constitución española de 1978 como su institucionalización más general que, según Savater, podrá ser modificada si llega el caso. Pero lo esencial de la ciudadanía nunca podrá ser variado a no ser que renunciemos a nuestra libertad de elección para transformarnos en simples nativos o creyentes a quienes la identidad les es dada de forma preestablecida y lanar. Según Savater, debemos impedir que todo el debate social gire en torno al descrédito de las instituciones, a los añejos estertores nacionalistas o al rechazo global de los políticos por ineficaces. Enfatiza el filósofo vasco que en el propio concepto de ciudadanía se incluyen, junto a los derechos, los deberes del ciudadano. Y que no podemos dejar de cumplir con ellos so pena de avanzar hacia la involución o hacia el populismo. Por eso también recalca Savater que el espíritu de la ciudadanía ha de conllevar un cierto grado de autocrítica. Todo ciudadano es, en alguna medida, responsable de lo que hacen sus gobernantes. Así pues, no es de recibo rehuir el compromiso cotidiano que comporta la democracia y dedicarse a linchar culpables antes que a enmendar errores. A todo esto, que se escribe fácil, ayuda enormemente que liderazgos tan firmes y valientes como el de Fernando Savater nos acompañen muchos años.

Son cuatro días

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Se llamaba Andreas Lubitz, tenía 27 años y era su sueño volar y volar. Por el medio se cruzó una grave enfermedad mental, una personalidad envenenada y una empresa que obvió los chispazos de un sistema electroquímico cerebral que daba así muestras de alguna anomalía. Junto a él han quedado en los Alpes 149 muertos. Se ha escrito mucho sobre el hombre Lubitz, sobre qué es ser hombre y sobre si se hubiese podido evitar la tragedia. Los exámenes de competencias psicotécnicas y las pericias forenses, al menos  en España,  están en manos, habitualmente, de personal con una cualificación mas bien escasa. El asunto de los tests psicológicos ha dado ya mucho que reír. Desde que Fernando Savater lo señalara en "El contenido de la felicidad" poco se ha mejorado en el tema. Con el mundo de los departamentos de salud laboral pasa como con el mundo de la Justicia: acoge en su interior un submundo necesitado de aún más justicia, el de las astillitas, el de las mordidas, el de las presiones sindicales, el de las amenazas personales, etc...
Sin embargo, además del drama en sí, me interesa cómo se han ido conociendo los acontecimientos.Hubo una filtración inmediata al escuchar las conversaciones de la caja negra. Alguien, pese al secreto del sumario,  gritó ¡Homicidio! con tal fuerza que lo oyó un periodista del New York Times y lo publicó al momento. Gracias a la investigación del NYT al bravo Fiscal marsellés Brice Robin no le quedó más remedio que hacer una rueda de prensa improvisada para todos los familiares que buscaban información sobre lo sucedido y decirles sobre sus llantos y dolores: "Señores, el copiloto ha estrellado el avión voluntariamente". Y desde entonces todos los estamentos implicados han ido desfilando rápidamente con sus datos en la mano. Y eso que la decodificación de las cajas negras se decía que iba a durar "semanas o meses.....". Así, por suerte nadie ha podido acicalar el desastre como ha sucedido en varias tragedias de la reciente historia de España.


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Pues sí, el olor, como el objeto de deseo sexual, es una construcción cultural. Recordábamos ayer a aquella negrita que, borracha (a ver quién no lo estaba) gritaba que los blancos huelen mal...



Sólo quiero caminar

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Son estos días apacibles, lentos y brumosos los que me hacen tomar conciencia de todas y cada una de las cicatrices que cuartean mis huesos. Son estos días en los que me hace daño hasta la luz del sol leonés que me llega en un foto de guasap. Deslumbrante. Estos días en los que toda la gente en el universo orbe parece hacerme luz de gas. Vaya por donde vaya todos me parecen seres firmes, muy seguros de sí y asentaditos, muy asentaditos en su mediocridad, sí, pero asentaditos y con ganas de mantenerse y prosperar en la misma hipocresía que les dió un lugar bajo el sol. Me sucede un poco como a Gonzalo Suárez, que dice que la realidad está empezando a resultarle amenazadora. Pero eso no se lo cree ni el propio Suárez. Nosotros, los incontrolados, hace mucho tiempo que sabemos que nos sostendremos en la medida en que seamos fieles a nuestros proyectos, a esos proyectos que a menudo parecen tan desnortados o llamados al olvido. Hace mucho tiempo que sabemos que nuestro destino es faire cavalier seul, ser irreductibles. Y que si la realidad quiere guerra, la tendrá.
Pero mientras tanto, mientras llega nuestro momento, nos toca nadar entre dobleces, entre bañistas sorprendidas, entre especímenes duchos en el arte de simular sin dejarnos atrapar por la seducción del Mar de la Tranquilidad que es un mar sin sustancia. Creo que nunca dejaré de caminar. Porque no quiero vivir una vida vacía. Porque no quiero vivir una vida llena de nada. Que sí, ché. Sólo quiero caminar. Dejadme a solas.