Tiempo de cerezas

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León, en los primeros días del mes de Julio muestra la mejor cara que se le conoce desde los tiempos de Lancia, cuando los romanos dominaban la Tierra hasta el Finisterre. O a la mejor, desde antes aún. El sol luce con fuerza, intenso, pero aún no calienta demasiado, la luz es clara y diáfana, como salida de uno de los copones de agua bendita de Zurbarán y los molestos pelujos de los chopos han desaparecido. Es un placer pasear por Papalaguinda, a la vera del Bernesga, los sábados en las tardes de verano. La mayor parte de la gente ya se ha ido a sus segundas residencias y su ausencia aquieta la ciudad y permite recorrerla cómodamente, muy a gusto. En los parques infantiles solo quedan niños sudamericanos o africanitos simpatiquísimos que juegan a sus anchas en todos y cada uno de los columpios y toboganes. León tiene unos paseos largos, rectilíneos, amplios, fabulosos y unos parques son que réplicas en miniatura de Hyde Park.






Pero nosotros hemos venido a León para otra cosa. Hemos venido porque mi madre cumple años. Y porque esta noche celebraremos que la mayoría de los amigos (unos vejetes muy risueños) han cumplido medio siglo de vida. A la celebración de los 50 llega este grupo creo que mas unido que nunca. O tan unido como siempre que no es lo mismo pero es verdad. Algunos de ellos llevan juntos mas de 40 años. Yo, que soy el benjamín y el último en llegar a esta rehala, llevo ya mas de 30 años tratándoles a todos. Cierto que no estarán todos los que somos pero sí que somos todos los que estamos. Y en breve, cuando el viejo Simbad vuelva a las islas, habrá que volver a juntarse con algún motivo menor pero suficiente; yo que sé... algún bautizo, alguna boda o para comer unas ancas de rana en el bañezano Bar París, donde dicen los hermanos del Riego que las ponen como las de antes de entrar en la OTAN. Todo esto lo digo la mar de serio.
Hoy, tras la comida de celebración he recorrido a solas la casa familiar. Apenas ha cambiado desde que mi padre vivía, Mi padre murió hace 13 años, en 2001. El año en que los aviones destrozaron las torres gemelas y enloquecieron los vacas. Fue un mal año aquel. Hoy veo los muros de la patria mía y me parece importante que sigan en pie y que todos sigamos comiendo juntos de cuando en cuando.
Mi madre ha llenado la casa de recuerdos y de fotografías de mi padre. Los recuerdos me entristecen por lo que tienen ya de estáticos y de irrelevantes para mí en muchos casos. Cuando mi padre murió, ya nos separaba un abismo de ideas y creencias aunque le quería mucho porque se dejó la piel para que yo pueda estar ahora cuestionándole en esta casa que fue la suya. No cabe generosidad más sincera. Pero lo que menos me gusta de la visita es la escasa calidad de las fotos de cuando entonces. A mi padre no se le ve bien en casi ninguna. Salvo aquellas tamaño carné que mi madre lleva siempre en su monedero. En la mayoría de fotos su figura aparece empequeñecida, lejana: bien sea junto a unos amigos paseando por la montaña o de espaldas podando los rosales que tanto le gustaban o con gesto alegre pero muy lejano y difuso mirándole el aceite a su primer gran coche, un GS Club rojo matrícula LE-3222-B que fue el coche de mi infancia, en el que aprendí a cazar tantas madrugadas de agosto. Y en el que supe lo que era el sexo compartido por vez primera, entre sudores, escalofríos, estupor y temblores.
Me gusta que la casa familiar siga así, sosteniéndose en este discreto caos, pero yendo hacia adelante. Al cabo de todo pienso que la culpa de que este equilibrio tan complicado se mantenga es culpa y responsabilidad de la mujer que hoy cumple años. De su capacidad de trabajo, de su espíritu de sacrificio, de su constancia y de su fe en el futuro aunque nunca deje de quejarse: "Yo no estoy bien... tenéis que hacer algo...me duele todo...". Eterna estrofa de agua...










Spleen de Madrid en Julio

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Remoloneaba tardes atrás por la librería que está en los bajos del Círculo de Bellas Artes, en Madrid. Una librería espléndida, delicada;  filial, creo de la mítica Antonio Machado. Estaba esperando a que Heptafon apagase los motores de su despacho en un Banco cercano y se bajase a tomar conmigo unos gintonics Ten demediados en la agradable terraza del Círculo. De mi paseo por la librería acabé con una docena de títulos nuevos en la cartuchera: que si Campo de guerra, que si el Caravaggio de LA de Villena, etc, etc. Cuando fuí a pagar comprobé que, como de costumbre, había comprado demasiado y retiré del botín un libro de poemas titulado El amor en los sanatorios, de un poeta zamorano, Jose Angel Barrueco. Yo no sabía nada del autor pero hojeando el texto ví dos o tres versos que me llamaron la atención y lo metí en la bolsa. Cuando le dije a la joven chica que me estaba cobrando que lo dejaba, lo miró con cierta tristeza y me dijo: "Pues debería usted llevárselo, porque es una delicia de libro: es un poemario tiernísimo en el que el autor describe con mucha sensibilidad los meses que pasó en el hospital acompañando a su madre en la Muerte y disfrutando de la llegada de su primer hijo a la Vida. De hecho, el libro lo dedica a su madre y a su hijo, que se cruzaron en  algún punto entre la Vida y la Muerte; lléveselo, de verdad, no se arrepentirá" insistía con cierta vehemencia.  La chica era una jovencilla de unos 20 años, de pelo a lo garcon, teñido de rubio, con un leve piercing en las orejas y con una camiseta negra muy fina con una inscripción en francés que decía "Je suis ici".

En realidad, desde que empezó a hablar del libro ya había decidido llevármelo pero me gustó su defensa desencadenada de la obra. Cuando se lo dije se puso muy contenta y mientras me echaba el bolsón cargado de libros al hombro, la miré por última vez y ví en su rostro una sonrisa leve e infrecuente. Una pena que ya no me quedase mas tiempo en la tarde para pegar la hebra con ella o que no cupiese en el macuto entre el resto de libros. Me la hubiese llevado con sumo gusto. El bueno de Heptafon, que fue testigo de estos hechos vestido con un exquisito terno de diseño italiano, podrá decir si miento en este afiche de tarde torera.


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Yo quería hablarles hoy de por qué duele el amor, o de la formidable lección de anatomía de Marta Sanz o del amor en los sanatorios o o de la triste y orgullosa rosa roja deYeats, de que pese a todo todavía sigo en pie. Pero llega con urgencia el libro del profesor Baca Baldomero: Transgresión y perversión, largamente esperado: En la perversión el ejercicio del poder es lo que produce placer, no es la erótica del poder, si la hubiera, sino la inermidad del otro ante mi voluntad. Esto, tan importante.


Sweet surrender

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El Amor y sus patologías. El neorromanticismo rampante trae estas cosas. Un gusto por el amor apasionado, por el jugárselo siempre a todo o nada, el predominio de lo instintivo sobre lo racional, sobre el pensamiento, sobre lo más específicamente humano. Pero lo que suena es siempre la misma estrofa de agua. 
Esa relación inseparable entre el amor y la ingenuidad que permite dar los primeros pasos en el enamoramiento. No hay relación amorosa que no nazca acunada por unas buenas dosis de ingenuidad por ambas partes. A la ingenuidad la suple la idealización del otro, del "objeto deseado", espacio privilegiado para el psicoanalista. El psicoanálisis insiste en que esta "elección de objeto amoroso" se relaciona directamente con las carencias habidas en nuestras relaciones objetales primarias: buscamos en el objeto de amor aquello que pueda sellar las fallas, las carencias que tuvimos en nuestro primer desarrollo: dudas, inseguridades y traumas diversos. El problema llega cuando la ingenuidad ha de desaparecer. Esa ingenuidad que no existe mas que en el imaginario de los amantes y que consiste en pensar que el otro encontrará en ti, omnipotente, respuestas a todos sus problemas y viceversa. Pero esto casi nunca es así. De como resolvamos la ruptura de esa burbuja de ingenuidad dependerá el devenir de la relación amorosa.  Hay que lograr pasar del "yo te salvaré", que realmente equivale al "yo me salvaré", al "juntos, nos salvaremos".  Y esto no es fácil. Es altamente doloroso desprendernos de nuestra capacidad salvífica para el otro y viceversa. Porque ahí, al retirar la idealización del objeto amado,  puede saltar todo por los aires. Pero de ahí no escapa nadie. Recuerda...








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De naufragios y retornos. La hermosísima SON DE MAR. 




Me lo dijeron mil veces

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Los periódicos del domingo llegan anegados de babas hacia la nueva Familia Real. Las cosas no han cambiado y me imagino que irán a peor con el conocimiento que Letizia tiene sobre el gremio. Gran parte de la responsabilidad de la estulticia de nuestra Monarquía cesante la tiene precisamente la enorme corte de periodistas aduladores de los que se rodeó el hijo de Don Juan. Creo que en estos momentos de la vida nacional lo más razonable es dar una oportunidad a Felipe VI y apoyarles. Pero que no nos cuenten historias de los terribles sufrimientos que tuvo que soportar Letizia por elegir a un modisto extranjero o de lo que han fortalecido su carácter las intrigas palaciegas. Estaremos derrotados pero no vencidos. 


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Por lo general, no hay parte del periódico que haga más daño al cuerpo humano que los suplementos de Salud. La columna que escribe Nuria Ramírez de Castro en ABC es de cottolengo, que diría Antonio Resines en "Opera Prima". Sobre el Plan del Ministerio de Sanidad de lucha contra el alcoholismo. Es de un partidismo pepero que atufa. Cuenta lo que le parece de la ley, basada más bien en valores que en la fuerza de los hechos. Cierto que hay un recuerdo a Elena Salgado, ministra socialista que cometió también parecidos fallos que la Mato pero al menos no nos metió al Opus Dei en el vino. Se recuerda a Salgado como gran luchadora contra el tabaco y como gran paladina en la defensa de la Salud Pública, medida que yo apoyo en sus íntimos aspectos.
Pero para tomar decisiones adecuadas es necesario saberlo casi todo ¿Alguien ha evaluado TODOS los efectos derivados del cese del consumo de tabaco? ¿Alguien sabe qué cosa pueda ser el pensamiento sistémico en el Ministerio de Sanidad?
Quienes trabajamos con adictos solemos ver con frecuencia como la abstinencia en el consumo de sustancias ilegales suele acompañarse de un incremento llamativo en el consumo de las drogas llamadas legales. Y que yo recuerde, el profesor Perez Arellano, un internista librepensador que nos daba clase en Salamanca, nos informó de que el tabaco era una droga terrible para el pulmón y el aparato cardiovascular. Pero que era factor protector al menos en hasta siete enfermedades, alguna de ellas de gran prevalencia. ¿Se sabe qué patologías se han incrementado con la abstinencia tabáquica, si es que alguna lo ha hecho, claro? ¿ O dónde se han ido las ansiedades que mitigaba el pitillo mañanero? Porque también sería importante estar al tanto. 
Todo esto lo contó ya hace años Peter Skrabanek en su libro La muerte de la medicina con rostro humano, que, más allá de todas las prohibiciones, es la verdadera tragedia de nuestro tiempo.
Espero que la ministra Mato y Nuria Ramírez de Castro pongan el mismo énfasis en la lucha contra la pobreza y las terribles diferencias de renta per cápita entre los españoles. Que ahí si que hay factores de riesgo...
Ya lo cantaba Jarcha: "La cadena es siempre igual. Eslabón que a tí te sueltan, a otro se lo apretarán".



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Toda relación sentimental que se precie necesita al menos tres ingredientes: una fecha de aniversario, una conversación inacabable y un himno.
Hoy les daré una noticia. Mi "relación de pareja", que dicen los horteras, empezó el día 22 de setiembre de 1992, en el parque ovetense de El Campillín, una tarde veraniega. Unas horas antes el artista lanzaroteño César Manrique había muerto en accidente de tráfico en la rotonda de Tahiche. Y me tocó darle la noticia a ella, que había crecido en la isla más bonita junto a  la sombra del genio de Manrique. Fue la primera vez que me sentí touché de verdad. ¡Como no voy a estar en deuda con el periodismo!


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La conversación sigue y sigue...



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El himno, lo canta Olga Román:








LEOPOLDO MARÍA PANERO EN EL NIDO DEL CUCO, en La Nueva España

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(Para Enrique Peñuelas, maestro y amigo, que nunca me pidió nada)

La Psiquiatría es una disciplina médica que ha experimentado un impresionante desarrollo en su repercusión social en los últimos 50 años, lo que ha suscitado además de numerosos recelos desde ciencias afines aún más precarias, tensas refriegas entre las diferentes escuelas terapéuticas que tratan de dar consistencia a un cuerpo teórico aún endeble. Pero la Psiquiatría, al contrario que el resto de las especialidades médicas, ha sobrevivido a una fortísima corriente crítica llamada "antipsiquiatría" que, aunque aportó notables distorsiones,  sirvió para limpiar los pastizales de boñigas y otros detritus inservibles y también ha contribuido a afianzar una conceptualización del enfermar mental compartida por la mayor parte de los profesionales.  El que una disciplina médica se someta a este proceso de revisión conceptual es un ejercicio duro que deja muchos jirones de amistad y malos ratos por el camino pero que redunda en un notable provecho para los profesionales y  para los pacientes. No vamos a señalar uno a uno los beneficios obtenidos tras esta revolución pero sí que resulta agradable ver como conceptos que la Psiquiatría lleva años utilizando comienzan a implantarse en el acervo de la comunidad médica general. La decisión compartida de tratamiento por el paciente, la prevención cuaternaria, el hacer del domicilio del enfermo crónico el centro del seguimiento, etc. son algunos de estos avances. Ojalá otras especialidades que circulan en las cercanías de la omnipotencia  hiciesen también de vez en cuando cierto ejercicio de autocrítica  sobre las más rutinarias de sus prácticas.
Cuando los mitos antipsiquiátricos arrancan del cine o de la literatura, supone una tarea hercúlea y en ocasiones imposible, desmontarlos. Algo así sucede con la película "Alguien voló sobre el nido del cuco", dirigida por Milos Forman en 1975 y protagonizada por Jack Nicholson con al apoyo explícito del recientemente fallecido Dr. Dean R. Brooks (Dr. Spivey), director del Psiquiátrico de Oregón donde se rodó. Esta cinta, junto a un contundente alegato en pro de los derechos de los pacientes, contiene la mayor cantidad de falacias científicas que se pueden encontrar en una película tan galardonada. Y casi todas referidas al uso del electroshock y de los psicofármacos, o sea, a los tratamientos biológicos, en línea con la diarrea punsetiana que sigue afirmando que el alma está en el cerebro. Tiempo habrá para analizar la nueva información que va surgiendo   tras la muerte de Dean Brooks y los escritos de Ken Kesey, el enfermero lisérgico autor de la novela, incluyendo la nómina de asociaciones "científicas" que respaldaron el proyecto. Sea como fuere, "Alguien voló sobre el nido del cuco" sigue siendo la iniciación en el conocimiento de la enfermedad mental de generaciones de adolescentes: excuso decir la calidad y veracidad del descubrimiento.
Otro ejemplo de cómo la demagogia antipsiquiátrica se incrusta fácil y férreamente en el imaginario común, en este caso con dramático efecto para la normalización social de las personas aquejadas de una enfermedad mental grave, lo hemos visto a raíz de la muerte del poeta Leopoldo María Panero, el “poeta de la locura", “poeta maldito", “poeta de nunca jamás" y cuantas hipérboles quieran usarse para definir la obra literaria de un hombre presuntamente derruido por una enfermedad mental. Y digo presuntamente porque la muy documentada biografía   «El contorno del abismo. Vida y leyenda de Leopoldo María Panero» de  J. Benito Fernández (Tusquets, 1999), que revisó con detenimiento sus  historiales clínicos, insiste en que a la mayoría de los psiquiatras  el caso del poeta les parecía más un "Trastorno grave de personalidad",  una patología del carácter, que una esquizofrenia, con las consecuencias clínicas y sociales y forenses que ello comporta. Lo cierto es que  no es hasta pasados los 45 años cuando el vate astorgano empieza  a dar síntomas de un deterioro en su funcionamiento cognitivo; porque de sus epatantes alteraciones conductuales con pública emisión de sus vómitos, sus orines y sus heces había dado noticia desde muy temprana edad. Pero el aprendiz de Artaud había de tener también su Rodez, su Ivry-sur-Seine, solo que a él, al contario que a Artaud, le fallaron los amigos. El trato que la prensa generalista ha dado a los últimos años de Leopoldo María Panero ha sido infame. Cada entrevista que le hacían, cada titular que generaba en su retiro grancanario transmitía la impresión de que el periodista de turno iba a buscar al monito para que a cambio de unas pepsicolas le permitiesen hacer unos buenos planos de su derrumbe físico. Achacarlo a la esquizofrenia y a las pastillas, en vez de a su desordenada vida, a su edad, al consumo exagerado de tabaco y alcohol,  era lo más fácil.  Y luego le hace morir en un Hospital Psiquiátrico que no era sino una residencia sanitaria de puertas abiertas: Canarias hace años que cerró los  psiquiátricos monográficos. Tengo la impresión de que Leopoldo María Panero fue más conocido por su poderío icónico ante la cámara fotográfica y sus boutades apragmáticas que por su obra literaria
En el caso Panero me ha gustado la opinión de Luis Antonio de Villena, una de las personas que más le trató.  Villena conoce bien su obra poética y salva tres o cuatro libros de sus inicios, el resto le parece más reiteración y deterioro que poesía y  hace coincidir el declive de Panero con su ingreso continuado en manicomios de toda España. Dice que ahí le perdió la pista porque se convirtió un individuo poco soportable cuando salía, que era cuando quería. Villena insiste: "Nosotros le veíamos entrar y salía cada vez peor y eso durante casi treinta años.  Si al menos los ingresos le hubiesen servido para algo..." Y con tanta lucidez como desconocimiento se pregunta:
"¿Puede la Medicina -como institución- tener casi 30 años a un hombre en distintos psiquiátricos, sin curarlo pero no dejándolo acabar?" Desde mi osadía asturiana le diría al escritor madrileño que es una pena que no conozca los Equipos de Tratamiento Asertivo Comunitario ni otras formas de intervención de la psiquiatría comunitaria mucho más resocializadoras y también que el ingreso psiquiátrico involuntario continuado o repetido acaba haciendo al paciente más daño que beneficio.
Para mí, la historia más entrañable de Leopoldo María Panero tiene que ver con la frase que hizo insignia de su casa: "La destrucción fue mi Beatriz". Se sabe que  Dante Alighieri se enamoró de   Beatriz Portinari cuando él tenía ocho años y ella nueve. En La Divina Comedia, Dante convierte a Beatriz, su amor platónico, en la fuente principal de su inspiración literaria. Mucho tiempo después el poeta francés Stephane Mallarmé perdió a su hijo pequeño Anatole a los nueve años de edad a causa de una enfermedad reumática. Mallarmé, que poco antes había superado una cruel crisis nerviosa, inició una fase de gran producción literaria a la par que un terrible recorrido escoltado por las drogas y el alcohol. "La destrucción fue mi Beatriz" dejó escrito Mallarmé, remedando a Dante. Esta frase se la grabó en el pecho a sangre y fuego el poeta Leopoldo María Panero. No es de extrañar pues el prestigio del que aún siguen gozando ciertas conductas autodestructivas en el mundo de la creación artística. Con todo, poco bueno ha salido del consumo de drogas (salvo las estimulantes o el tabaco) o del alcoholismo. Aunque lo digan Burroughs, Faulkner o Kingsley Amis. Tal vez por eso un Leopoldo María ya desengañado se entregó en sus últimos años  a la pepsicola, como aquel detective de las novelas de Eduardo Mendoza, "el que había salido a ganar".









Todo es silencio

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Noche de luna en Santiago para asistir a la presentación del número 7 de Jotdown, la revista cultural que se ha convertido en un fenómeno digno de estudio y en un modelo a seguir por varias publicaciones más. El acto, que se desarrolló en un salón de la libreria Follas Novas (creo que asistió el mismo Don Follas) fue conducido por Juan Tallón y por Julián Hernández, líder de lo que fue una de las bandas mas divertidas de la movida de los 80, Siniestro Total. La sala estaba llena, abarrotada, aunque tal vez fuese mas mas pequeña de lo que requería la ocasión. Tallón estuvo ágil, brillante y muy divertido. Su crítica al mito de Pelé, el futbolista que no metió ninguno de los goles importantes que se le achacan, fue desopilante. Tallón va ganando cuerpo a pasos agigantados y ya es una firma de referencia en el periodismo nacional. Julián Hernández colaboró muy dignamente en el exorcismo de tantas verdades sin fundamento. Su crítica al obligatorio reciclaje de vidrio y basura por parte del ciudadano a beneficio de la industria privada o su descubrimiento de la compresa femenina duradera son aportaciones para tener muy en cuenta en este futuro que nos quieren colar como una cruenta lavativa.
Mereció la pena volver a Santiago. Mereció la pena volver a pisar esas calles siempre esmaltadas por la lluvia, por la fina lluvia. Mereció la pena conocer a un montón de gente que se está esforzando por hacer un producto cultural de primera categoría. Mereció la pena volver a contrastar la distancia abisal que hay entre la antropología gallega y la del resto de España. Galicia, sitio distinto, se decía. Y así me parece cada vez que vuelvo. Distinto, pero mucho mas divertido que la mayoría de secarrales patrios que viven de enrojecer los lácteos cuerpos de nórdicos y lúpicos.
Si algo me sorprende de los gallegos es la unanimidad que tienen para interpretar la realidad y sin embargo, lo malos vecinos que son. La envidia, esa pobreza nacional, en Galicia se transforma en el octavo arte. Hablábamos, no sin  nostalgia como buenos amantes del fútbol, de los tiempos del narcotráfico a gran escala. De como ha desaparecido todo aquel caudal amazónico de euros que durante años gobernó Galicia, de cuando un expresidente de la Xunta cruzó la frontera hacia Portugal para reunirse con los grandes capos como si aquello fuera Atlantic City o el Bada Bing. Y de lo que de allí derivó. La droga a toneladas. El dinero a raudales y la infancia que pedía a gritos ser contrabandista "como meu pai" y poder follarse a una negra zumbona en un potente descapotable ante todos los amigos cobardones. Los colegas de la noche, unánimes, me remiten a la frase inicial de la novela de Manuel Rivas, Todo es silencio, como si fuesen los primeros versículos del Génesis: "Teníamos lanchas, teníamos unas rías escarpadas, pero sobre todo, teníamos cojones".
En todas las organizaciones de estructura mafiosas, en todos los grupos controlados por psicópatas, la referencia a la capacidad testicular, a la fuerza física es casi obligada. Lo que no tuvieron en cuenta muchos de aquellos pobres es que el verdadero enemigo no era la vigilancia aduanera. Era la propia droga. la heroína, que si algo liquida de cuajo es el sexo.
Avanzada la madrugada y entre el viento y la lluvia nos fuimos recogiendo. Recorrimos la plaza del Obradoiro, desierta, como nunca la había visto. Santiago tiene esa extraña virtud de exportar su estilo y prestancia a sus visitantes. Lo malo era, que con tanto mito derribado, uno, a esas horas ya no podía creer ni en sí mismo.






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Fin de semana de malas noticias. De las que te dejan el alma hecha un cuajarón de sangre, que ni avanza ni se para pero te bloquea. Todo el domingo se convierte en una lucha para llegar a la noche, para volver a convivir con los miedos y pesadillas de costumbre. Decía mi admirado Torga: ¡Cuanto cuesta ser hombre las 24 horas del día!

Los psiquiatras de Obama. (para La Nueva España)

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El Javits Center es un mastodóntico y rutinario centro de convenciones de Manhattan, New York City, situado en la avenida 11, a la orilla del río Hudson, en la zona que tiempo atrás se denominó “Hell´s Kitchen”, el barrio pobre y sucio donde según Mario Puzo vivió Vito Corleone al llegar de Sicilia,  donde crecieron Robert De Niro y Sylvester Stallone, y que fue construido  y manejado por empresas presuntamente vinculadas a la Mafia durante los años ochenta del siglo pasado.
El Javits Center acogió, entre el 7 y el 11 de Mayo, la 167ª edición de la Convención anual de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) que reunió a cerca de 20000 especialistas de todo el mundo, principalmente de Estados Unidos y Canadá.
La Convención de este año tenía el interés añadido de que, junto a las inevitables ceremonias de canonización del controvertidísimo y farragoso DSM-V, la conferencia estelar iba a ser pronunciada por el Vicepresidente de los Estados Unidos de América, Joe Biden
Y así sucedió. El pasado 8 de mayo un sol de justicia atizaba “La cocina del infierno” cuando, sobre las tres de la tarde, el congresista Patrick Kennedy, hijo de Ted Kennedy, irrumpió a grandes pasos en el estrado del gran salón de actos  donde le esperaba el Dr. Jeffrey Liebermann, presidente de la APA. Instantes después  un gigantesco cañón de luz  y las cámaras de televisión se volcaban para seguir la incorporación a escena  del Vicepresidente Biden, como sucede en tantos capítulos de El ala oeste de la Casa Blanca, mientras el  público, más de 10000 psiquiatras asistentes, se levantaba para aplaudir su llegada. Tras una breve  presentación de ambos por parte de Libermann, Patrick Kennedy, orador vibrante y apasionado, recordó el papel de su padre y de Biden en la génesis de la Mental Health Parity Act de 2008 que motivó importantes avances en la atención a la salud mental, tan maltratada en los últimos lustros. Y, con una aroma inequívocamente americano, reconoció que los problemas que él mismo sufrió con las drogas y el alcohol están tras su intensa implicación en la mejora de la asistencia psiquiátrica. Un breve arreón de arengas socialdemócratas del sobrino de JFK sirvió para presentar a Joe Biden, que llegó muy tranquilo, con su eterna sonrisa siempre a punto. Biden se desplazó aquella tarde a Nueva York para explicar en qué iba a consistir la importante ampliación de la cobertura a los enfermos mentales prevista en el Obamacare y para presentar un ambicioso proyecto de investigación encaminado a una mejor comprensión del cerebro en las enfermedades mentales (proyecto BRAIN). Lo más importante no fue el goteo de cifras para cuantificar la aportación que iba a ir a cada campo,  ni que repitiese varias veces que el interés del Gobierno era volver a reabrir los centros de salud mental y los equipos de tratamiento asertivo comunitarios cerrados en las últimas décadas, sino la declaración de que la Administración Obama había decidido erradicar con toda firmeza cualquier asomo de discriminación hacia los enfermos mentales y que la lucha contra la estigmatización social del enfermo mental debía ser el pilar básico de la ansiada transformación de los servicios psiquiátricos.  Biden, que mostró un ánimo muy compasivo con los enfermos y sus familiares, reconoció que "América está herida, que América tiene un grave problema con el consumo de drogas, con los trastornos mentales graves, con los problemas psiquiátricos que sufren quienes vuelven de la guerra, con los trastornos autistas en niños y adolescentes, etc.". Y desde una humildad extraña en un político de su nivel encaró al auditorio: "América les necesita, y les necesita con urgencia y necesita muchos más psiquiatras que los que hay hoy día". Una cerrada ovación por parte de un público entregado, como suele suceder en tantos episodios de El ala oeste de la Casa Blanca, puso fin al discurso de Biden.
A mí todo aquello me parecía casi inaudito: poco más de 50 años después de que John Fitzgerald Kennedy promulgase la Community Mental Health Act (1963), eslabón clave en el crecimiento y difusión mundial de la psiquiatría comunitaria, otro Gobierno estadounidense venía a decir que lo ejecutado durante estos años no había sido para bien y que no había otra opción que volver a apostar por el entramado que forman los servicios de salud mental comunitarios como medio de velar por la dañada salud mental de tantos norteamericanos. Eso, claro está, sin renunciar a todos los avances que puedan surgir de la investigación de las bases cerebrales de la enfermedades mentales.
Pues el caso es que mientras los Estados Unidos de América le declaran la guerra a la discriminación del enfermo mental, la situación en España amenaza con ser la contraria. Según denuncian tanto la asociación de familiares FEAFES como varias asociaciones profesionales (FEARP, AEN) y asociaciones de usuarios, el Proyecto de reforma del Código Penal que prepara el actual Gobierno de la nación incluye una serie de intervenciones catalogadas como "MEDIDAS DE SEGURIDAD" que son altamente estigmatizantes y discriminatorias para los enfermos mentales y personas que sufran alguna discapacidad intelectual.  La clave está en la intención de los reformadores de coser el concepto "peligrosidad" a la piel del enfermo cuando es sabido que dicho concepto no pertenece ni a la clínica ni a la psicopatología sino que crece con suma facilidad en las procelosas aguas del prejuicio y el rumor social. De la evaluación psiquiátrica de dicha peligrosidad colgarían, si se aprueba el citado Proyecto, una serie de medidas que acercarían al enfermo más al mundo penal que al de la rehabilitación social con un importante retroceso en los derechos alcanzados por los enfermos y sus familias. Mientras más pensaba en nuestra miseria española más ganas me daban de quedarme, como diría Julio Camba, "un año en el otro mundo, en la ciudad automática".
Espero que la nueva transformación de la psiquiatría norteamericana evite caer en lo que Peter Tyrer-editor de la prestigiosa revista British Journal of Psychiatry- llama “la osificación centrocéntrica de lo comunitario” y apueste por los tres dispositivos que, según el propio Tyrer, son el futuro y la salvación del modelo comunitario: los equipos de tratamiento asertivo domiciliario, los equipos de intervención precoz y los equipos de resolución de crisis, todos ellos de marcado carácter móvil.

El sol seguía sacudiendo a conciencia las orillas del Hudson, tan lorquiano aún, cuando a media tarde el Vicepresidente Biden abandonó el Javits Center. A fin de cuentas,  lo que acababa de contemplar con mis propios ojos, solamente había sido  una conferencia propagandística de un político. Nada serio. El tiempo dirá cuánto de lo que Biden prometió a manos llenas será llevado a cabo, pero yo salí convencido de la viabilidad de lo que allí se había dicho.. No sé por qué me resultan mucho más verosímiles e interesantes los políticos norteamericanos que los españoles. Y en cuanto pude, me puse a ver de nuevo el primer capítulo de El ala oeste de la Casa Blanca.