LA PLAYA, LA NOCHE Y EL DÍA






Ayer fue el día más largo del año. Y la noche más corta. Estas noches suelen ser de un sueño revuelto. Pero no. Anoche tenía una extraña sensación de placidez, como si hubiese hecho algo bueno con mi vida, como una sedación construida sobre un lecho de suaves somníferos tipo dormidina o cosas así. Me dormí temprano mientras leía "La siesta asesinada" de Philipe Delerm, genio francés del recorte cotidiano. 








Pero antes de caer rendido me dio por hacer  un poco "la cabra". Levanté todas las persianas de la casa y abrí las puertas de todas las habitaciones. Hoy, como casi siempre, me he despertado temprano, muy temprano. No había empezado a amanecer y me senté en el salón, que es la pieza central de la casa, a esperar que el día llegara. El espectáculo ha sido maravilloso. La luna también ayudó a la performance. Creo que partir de ahora y hasta el final del verano, cada noche que llegue con algo de extrañeza haré lo mismo. A fin de cuentas mi sueño de una noche de verano es trabajar, vivir, discutir, amar y dormir sobre las tablas del escenario. Como ANGÉLICA en el gran documental de Manuel Fernández-Valdés. ¡Ah¡ que no se olvide Manuel de que en la isla de Angélica hay una calavera. Supongo que en su día tuvo algo dentro. Habrá que hablar de ello.







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Leo un libro sobre la relación de una mujer joven con su psicoanalista  Ella tiene dos amantes y no sabe con cualquier de ellos quedarse. En un momento dado, para ilustrar sus relaciones, ella le pone de ejemplo al terapeuta que con una de sus parejas  hace el amor como en "El último tango en París". Pero el terapeuta no sabe qué o quién fue "Le dernier tango....".


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"La pluma es servil pero la palabra es libre."



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19 Responses to “LA PLAYA, LA NOCHE Y EL DÍA”

  1. Mi primer día como vendedor de escobillas pende de una efeméride gloriosa. Hoy hace 18 años que el Valencia CF le endosó un sonoro 6-0 al Madrí. Me lo ha recordado Gratinados Sáez, el hombrecillo que vive en la plaza de la Orotova y que en su delirio poco común se cree secretario técnico del Valencia. A diario recorre las calles de la Malvarrosa con una carpeta azul repleta de alineaciones antiguas del VCF. A veces me interpela. Saca de la carpeta un recorte de alguna estrella futbolera y pidiéndome que guarde el secreto me susurra: ya está fichado. Hoy, primer día de mi nueva vida, hemos coincidido en el bar Polit. Jugando en la tragaperras estaba el cobrador del frac, otro que tal. Lo conozco desde hace años. Lo echaron de la policía por putero. Ahí sigue. Putero, borrachín, adicto al karaoke. El cobrador del frac tenía un primo que se creía la reencarnación de Nino Bravo. Aquel infortunado, cual émulo del último Elvis, se suicidó el 16 de abril de 2015. El cobrador del frac se tinta el pelo con Canfor de color marrón. Algunos días, el sudor y el limpiazapatos le confieren un aspecto de hombre grotesco y vencido.

    viejo Casale

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  2. Llevo todo el día con el catálogo de escobillas. El secreto de las escobillas está en las grandes operaciones de personalización. Clubs deportivos, empresas, asociaciones. Tampoco hay que descartar las innovaciones tecnológicas. Hay escobillas de última generación con mecanismos muy sofisticados de detección precoz de posibles enfermedades a través de las heces. Esas son las más caras. Luego están las escobillas anticipatorias, también llamadas escobillas parlantes. Si ha comido garbanzos pulse uno; si tiene diarrea pulse dos; si caga duro pulsa tres. Pero la gran joya de la corona es la escobilla con hilo musical. La escobilla del verano es Des-pa-ci-to. Viene con manual de instrucciones. Des-pa-ci-to. Obliga a pasar la escobilla con lentitud y estilo, meneando la cabeza al ritmo de la melodía. Lo nunca visto.

    viejo Casale

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  3. A media mañana he caído en la cuenta de que no tengo coche. Un vendedor de escobillas necesita un coche para recorrer el país. He ido al concesionario y he comprado un motocarro. Me lo han dejado muy bien. Apenas 500 euros. Para empezar es suficiente. Como detalle histórico me ha comentado el vendedor que se trataba del mismo vehículo que utilizó Paco Martínez Soria en "Hay que educar a papá". Luego he ido a mi antiguo trabajo a recoger mis últimas pertenencias. Para mi disgusto no me han dejado pasar. Pensaban que me había arrepentido de firmar la excedencia voluntaria. Es una pena. En el retrete se han quedado mis lecturas del último trimestre. Más que lecturas, relecturas. Libros Peligrosos de Juan Tallón, También esto pasará de M.Busquets y La novela luminosa de Mario Levrero. la novela luminosa la descubrí gracias a Tallón. Es un libro de libros. Lo trivial necesita del encanto, susurra el autor. Y no puedo estar más de acuerdo. Después he pasado por el Lola's. Al Lola's suelo ir cuando estoy contracturado. No es una clínica pero hacen unos masajes muy relajantes. A veces incluso con la boca. Les he dejado mis nuevas tarjetas de vendedor de escobillas. Todas las chicas me han felicitado con gran efusividad. Ya sé que hace mucho calor, pero ninguna llevaba bragas.

    viejo Casale

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  4. Ya en la calle he notado la envidia de la gente. Míralo, el vendedor de escobillas, que seguro de sí mismo, que confiado. No entiendo tanta animadversión, como si no mereciera lo que me está sucediendo. En fin, pelillos a la mar. Para celebrar mi nuevo status he ido a Casa Bolos. Casa Bolos es una marisquería con estética lumpen de los años 70', el típico lugar donde se cerraban negocios en 1974. Ahora se cierran otras cosas. He pedido merluza. Estaba muy buena. Al rato ha venido el merluzo del camarero y me ha dicho si quería repetir. Por supuesto, he comentado. Perfecto, ha dicho el merluzo. Pues repita conmigo: MER-LU-ZA. Casi lo ahostio. De la mala leche me han entrado retortijones. Como suponía, en el retrete no había escobilla. Con el pastel sin recoger he llamado al encargado. ¿usted cree que esto es posible?
    -¿el qué?
    -¡homgbre, homgbre, no ve que no hay escobilla para empujar!
    -yo lo que veo es que es usted un guarro. Asi que no me toque los cojones. Pague y váyase a tomarle el pelo a su puta madre, cretino, que es usted un cretino.

    viejo Casale

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  5. Jajajajajaja!
    Lo bueno vendrá cuando choques con los japoneses que manejan la mafia del toto. Duelo dectitanes

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  6. En el locutorio de la Malvarrosa siempre han pensado que yo era policía. Como único hombre blanco, limpio y relativamente bien vestido mi presencia regular les inquietaba. Me gustaba esa confusión. Sentirme policía era ser policía, detective salvaje, Torrente urbano en esta ciudad sin ley. Me miraban con desprecio, pero también con respeto. Fuera, el rumor del mar alimentaba la furia de su desdén. Yo escribía informes, cuentos, mails disparatados. En el locutorio siempre había un pakistaní comiendo alfalfa. "Policia racista malo, tu bueno, yo no cobrar amigo" me decía el jefecillo de la tribu. Así he vivido todos estos años, sin necesidad de internet en casa, sin pagar en el locutorio. Hace un rato he vuelto. Aquí estoy. Es un ecosistema anómalo. Hay restos de semen en la pantalla y el teclado huele a humanidad funesta. Un día, hace algunos meses, una vieja murió en la cabina de al lado. Cuando volví al día siguiente ahí seguía, medio disecada. Mustafá, le dije al encargado, si no quieres tener problemas es mejor que llames al Samu. Esa vieja está muerta. Por una vez, alguien me hizo caso.
    Pero ni siquiera eso es lo sustancial. No ahora. Lo que quiero decir es que he sido muy feliz en este locutorio. Como me tenían miedo me dejaban estar aquí hasta la hora que yo quisiera. Una noche me quedé solo, tecleando hasta el amanecer. Al día siguiente, Mustafá me trajo el desayuno. Policia bueno, tu amigo. Como para decirle ahora que soy vendedor de escobillas. Ni de coña.

    viejo Casale

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  7. "Policia racista malo, tu bueno, yo no cobrar amigo"

    ¿Pero no puedes tener una fantasía porno en condiciones y dejar en paz a los moritos tracomatosos? Es que no ven bien, hombre¡

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  8. Muero de risa, Rafael. Vas mátame¡

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  9. Sobran libros. Y sobra gente creyendo que tiene algo original y novedoso que decir. La novela viaja en ese vagón de exigencias comerciales. Hace creer que es indispensable leer según que autores. Debería centrarme en leer todo lo que aún no he leído y dejar a un lado todo lo que la publicidad me incita a leer.

    Gordito Solemne

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  10. En el locutorio me miman mucho. Hoy es el cumpleaños del hijo de Mustafá. Han traído tarta y ganchitos. Torreznos no, que son de cerdo. Junto al locutorio hay una ferretería. Al ferretero le llaman Mirada Amplia. Mirada Amplia es un tipo desconcertante. Un ojo te mira a ti pero el otro no. Un tipo con un ojo que no sabes donde mira lleva ventaja en una conversación. El mundo vive equivocado al respecto. Siente compasión por ellos, pero ellos se ríen de nosotros. Dominan el tempo y el escenario. Un ojo liberado de la exigencia formal controla matices que un hombre con dos ojos entrenados para mirar a los ojos de otro hombre no es capaz de detectar. El psicologismo idiota de que hay que mirar a los ojos es falso. El ferretero Mirada Amplia es el ejemplo. Con un ojo está en la ferretería, con el otro en el cumpleaños de Mustafín.

    viejo Casale

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  11. Creo que la novela escatológica del vendedor de escobillas admite todo tipo de vaguedades, sugerencias, experimentaciones. Es un libro de viajes. No descarto una detallada escrituración de mis visitas a los hoteles a partir del próximo lunes. Estoy expectante. Mañana tengo el curso de formación. He de dar una charla con argumentos, pero también he de estar preparado para la réplica. la normativa laboral me obliga a tener nociones exactas de derecho del trabajo y conocer al dedillo la legislatura de seguridad e higiene. La gente cree que cualquier puede ser vendedor de escobillas. Otro error. Vivimos equivocados. Un vendedor de escobillas necesita idiomas, tablas, recursos, empatía, buena presencia, oratoria y lo que es más importante, no dejarse vencer por la ocurrencia fácil que convierte todo lo escatológico en materia de chascarrillo burdo y recurrente. El tiempo del caca, pedo, pis ha pasado. No es un oficio para cualquiera. Hablamos de una nueva era. Escobillas I+D. La excelencia, la investigación, el futuro. Joder, que buena está la tarta de alfalfa.

    viejo Casale

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  12. El cumpleaños de Mustafín ha terminado en tragedia. El niño se ha tragado el interior de un huevo kinder. Todavía estoy conmocionado por el suceso. Escribo en el locutorio. La tarde se ha quedado del color de las gasas mechadas con betadine que me están poniendo cada mañana en el agujero que tengo en la espalda. Todavía no he hablado de ese bulto, el bulto que ha mutado en volcán de pus y grasa. Ese bulto ha sido mi novela los dos últimos años. Ahora que me lo han quitado descubro que la novela de la ciudad sin río ya no me interesa. Era el bulto. Desde que voy cada día al ambulatorio el paisaje es otro. Vender escobillas es un paso al frente. Sé lo que sigo. Todo es contingente. Mira el pobre Mustafín, muerto por culpa de un huevo kinder. Justo hoy, que hace 18 años del 6-0 al Madrí. No somos nada y cada uno celebra lo que puede. O mejor aún: LO QUE LE SALE DE LOS COJONES.

    viejo Casale

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  13. Jamás pensé que celebraría a carcajadas un 6-0 del Valencia al Madrid, varias veces. La magia de la escobilla.

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  14. Lo de Mustafín me ha salido caro. Por culpa del puto niño los del locutorio han descubierto que no soy policía. "Si vuelves por aquí eres hombre muerto", me ha dicho Mustafá. Menos mal que no sabe que fui yo quién le dio a su hijo el huevo Kinder. Menudo tolai el jodido niño. Si con 3 años no sabes comerte un huevo Kinder sin ahogarte no mereces vivir. Esto es así. El chaval no ha pasado el primer examen serio de su vida. Y punto. Bien pensado, le he hecho un favor. Me preocupa mucho más haberme quedado sin locutorio. A la vuelta de la esquina hay otro, pero hace años lo descarté. Estaba lleno de pulgas. En pleno mes de julio me tocaba teclear con guantes y botas de agua. La gente me miraba raro camino del ciber. Ahí va el escritorcillo del barrio, oía en las puertas de los bares. Al poco, cuando publiqué el libro, era yo el que les miraba ufano desde mi atalaya de gloria local. Ser una gloria local me permitió ganar puntos en el bar de los Hermanos. Desde entonces, cada vez que pido una cerveza me ponen aceitunas. Y no como antes, que sólo me ponían torreznos. Esas cosas son las que inclinan la balanza. Otra cosa es lo de hoy. He pedido un bocadillo de atún con olivas y el merluzo del camarero me ha sacado un bocadillo de atún con un plato de olivas al lado. Tete, le digo, atún con olivas es atún con olivas. Pues nano, contesta, mete las olivas dentro del pan. Claro, las meto con hueso y a cada bocado que dé me dejo un piño. Anda, tráeme una lata de aceitunas sin hueso y no me toques más los cojones. Justo al lado había un tipo con la camiseta del Huesca. Por un momento he pensado en ello. Imagina que eres un tipo de 45 años y medio y tu equipo es el Huesca. Hoy, el Huesca juega en Valencia, en el campo del Levante. Esas cosas pasan. La gente no se lo cree, pero para eso estoy yo. Tienes 45 años y medio y vas a Valencia a ver un Levante-Huesca. En Valencia está el bar de Manolo el del bombo. Ese bombo esconde un tesoro del que se habla muy poco: el escudo del Huesca. El Huesca fue la primera víctima de Manolo. Hoy se reencuentran. Tienes 45 años y medio y tu vida es esta mierda.

    viejo Casale

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  15. Antes de ir al curso de formación para convertirme en vendedor de escobillas de manera definitiva he pasado por el ambulatorio donde me hacen las curas. No sé que me pasa pero siempre me enamoro de todas las enfermeras que me atienden. No lo puedo evitar. La de hoy tiene más de 60 años. No es guapa, posiblemente nunca lo fue. Da igual. He quedado con ella a tomar café. Me pasa con las enfermeras como con las camareras. Una fascinación infantil, incorregible. Las escritoras nunca me atraen. Una escritora es un ser voluble, al servicio de la vanidad y el ego. Nunca me incitan a nada carnal. En cambio las enfermeras, coño, las enfermeras me vuelven loco. Seguro que una feminista diría que todo viene de un complejo machista de hombre de las cavernas que exige cuidado (la enfermera) y servicio (la camarera). Me la pela. Yo creo que tiene que ver con mi época de objetor de conciencia. Estuve unos meses en la planta de terminales y vi como eran aquellas mujeres. Me gustaban mucho. Eran francas, desinhibidas, sin miedo. Durante varias semanas anduve con una de ellas. Vivía cerca de la estación. Se había divorciado y tenía una hija adolescente. Tenía diez años más que yo. Recuerdo su mirada, su cuerpo, su lucidez sin cinismo, su capacidad para hacerlo todo mejor. Hubiera podido quedarme con ella para siempre si ella hubiera querido. Hoy, tantos años después, la sigo viendo en todas las enfermeras con las que me tropiezo.

    viejo Casale

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  16. El curso de formación no ha sido tal. Me he presentado a la hora convenida en el lugar indicado. Una señorita con cara de mustia me ha hecho pasar a un cuarto con un cuadro de Lolita Flores (pa cagarse). Al rato ha entrado mi socio. Mi socio es el tipo al que pillé cagando la semana pasada, el gran visionario. Mira nano, me ha dicho, el curso es el catálogo y 1500 euros que tienes que pagar por la licencia. Al principio me he quedado un poco parado, pero luego he pensado con frialdad y he visto muy lógico tener que hacer ese desembolso por una licencia que me va a mejorar la vida de manera notoria. Bien, sin problemas, he dicho. Como no tengo tarjeta de crédito ni cuentas on line he ido a casa a por el dinero. He roto mi cerdito Magdaleno y he contado mi capital. 1600 euros. Me he puesto la mar de contento. Aún me sobran 100 euros para pasar el fin de semana. Le he llevado el dinero y me ha dado la carta de recomendación, la licencia de vendedor y un paquete de caramelos mentolados para los clientes.
    -Bueno amigo, pues ya eres uno de los nuestros. Recuerda, el lunes en el Sicania a las 8.00 de la mañana.
    -Por supuesto, allí estaré. Hay que actuar cuando la cosa está que arde, he respondido, recordando la célebre sentencia de Portero y Peluquero.
    Después nos hemos abrazado con efusión. En su mirada he visto un destello escatológico, un reproche mudo, algo raro. No sé, como si no pudiera olvidar lo del otro día, cuando entré en el retrete y lo encontré sentado en la taza. Bah, suposiciones. Es imposible que me guarde rencor. Soy yo, sin duda, que siempre peco de desconfianza. Por fin puedo decir, en mayúsculas, que soy VENDEDOR DE ESCOBILLAS. Ahora sí.

    viejo Casale

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  17. Enorme, Rafa. Ahora cambiamos de playa.

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