LOS MUERTOS DE AQUELLOS AÑOS

Hoy, que es 11 de Marzo, toca recordar a los muertos del terrorismo. Yo no tengo ningún familiar cercano afectado por atentados de este tipo. Pero en mi adolescencia adquirí una cierta destreza en el tema al tener que contemplar con inusitada frecuencia cómo volvían a su tierra de origen para ser enterradas muchas víctimas de la barbarie etarra o del GRAPO, que también mataba. 23 leoneses entregaron su vida en esos 35 años que se cerraron en octubre de 2011.
Los muertos de mi tierra natal se encuadran dentro de los 150 muertos que Castilla-León puso en ataúdes por mor de la causa separatista vasca. Tal vez ello influya en que quienes crecimos en los años 80 en León o en cualquier provincia castellana tengamos una visión poco entusiasta de los nacionalismos. Durante aquellos años tuvimos que ver llorar a novias desoladas, a viudas embarazadas o llenas de niños pequeños, a madres desesperadas. Hubo también pobres padres ancianos, con las manos llenas de callos y con los cuerpos deformados por el trabajo del campo y la edad que se comían las lágrimas y no acertaban a decir ni una palabra cuando el jerarca de turno les hacía entrega de la ritual bandera española que había cubierto el féretro de su hijo durante el sepelio.

El primer muerto a manos del terrorismo en León fue Emeterio de la Puente, brigada de la Guardia Civil, de 59 años. Lo mató de un tiro en la nuca un mozalbete del GRAPO que nunca ha sido identificado. Al brigada De la Puente se le conocía en casa porque el pueblo donde vivía lo visitaba mi padre como médico. Le dispararon el 16 de Mayo de 1979 en el Barrio del Ejido, mientras paseaba. Murió un mes después en el hospital.




El 15 de Mayo de 1980, un año después, ETA mató en la cafetería Majusi de San Sebastián a tres policías nacionales mientras tomaban el café de la mañana. Uno de ellos era Dionisio Villadangos, de 24 años. También era conocido en casa por las mismas razones, porque mi padre había atendido a su familia en el pequeño pueblo de Castrillo de San Pelayo, en pleno Páramo, donde había nacido y donde fue enterrado la tarde de un sábado caluroso. 
La muerte de estos tres policías le ocupó al diario El País 31 líneas. Y al día siguiente no hubo, que yo sepa, noticia del funeral, que fue multitudinario. La noticia del ABC, un poco más amplia, ocupó la portada y es la que se ve en la foto de al lado.





Aquel día de 1980 la madre de Dionisio Villadangos, una campesina humilde guiada por una sensatez preclara, declaró a la prensa leonesa que “no era capaz de sentir odio pero que pedía por favor que aquella sangría se acabara". La pobre no sabía que mientras pronunciaba esas palabras ETA asesinaba a otros dos guardias civiles en Guipúzcoa y que tras de su hijo habría aún 700 muertos por la cosa de la "patria vasca". Las palabras de aquella mujer en 1980 sobre el cadáver caliente de su hijo asesinado por la espalda son mucho más generosas que las de quienes esta misma mañana del año 2017 desde el Ayuntamiento de San Sebastián han ordenador retirar las placas de recuerdo que el Colectivo de Víctimas del Terrorismo ha colocado sobre el lugar donde dejaron su sangre los asesinados por ETA en la capital donostiarra.


This entry was posted on sábado, 11 de marzo de 2017. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response.

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